Algunos aspectos peculiares de la fruticultura

Autores:
R. Socias i Company
Unidad de Hortofruticultura, Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), Zaragoza.

RESUMEN

Una plantación frutal viene determinada por una serie de características propias, diferentes del resto de las explotaciones agrícolas. Una de ellas es la identidad genética porque tanto la variedad como el patrón son en su mayor parte clones de propagación vegetativa y de larga vida. Por ello en el momento de establecer una plantación frutal se debe tomar la decisión de elegir con gran cuidado la variedad, el patrón, el marco de plantación y la distribución de las variedades. De esta decisión puede depender el éxito de la plantación y con ello su rentabilidad para el agricultor.

Palabras clave: Fruticultura, Propagación, Variedades, Patrones, Marco de plantación, Distribución.

ABSTRACT

Some particular aspects of fruit growing. Any fruit orchard is characterized by an ensemble of peculiar traits which are different from those of the rest of agricultural exploitations. One of these traits is its genetic identity, since both the variety and the rootstock are mostly vegetatively propagated clones, as well as long–living. Consequently, when establishing any fruit orchard several decisions must be taken in order to carefully select the variety, the rootstock, the planting distance and the variety distribution. The success of the orchard will depend on these decisions and, as a consequence, the economical income for the grower.

Key words: Fruit growing, Propagation, Varieties, Rootstocks, Planting distance, Distribution.

La fruticultura es un sector fundamental de la agricultura, pero a veces no es bien comprendida por aquellos no familiarizados con los árboles. Por ello creo interesante exponer algunas reflexiones sobre el complejo mundo de la fruticultura después de una vida dedicada a la misma, en la que la experiencia personal puede añadir algunos ejemplos de este desconocimiento. Hace ya muchos años un prestigioso profesional, especializado en plantas herbáceas, me comentó que la mejora del almendro sería muy diferente de la del melocotonero por cuanto el almendro es (o mejor dicho, era) una especie de polinización cruzada mientras que el melocotonero se autopoliniza. El tipo de polinización es fundamental en la estrategia de mejora de las plantas herbáceas, pero no en la de los frutales, en los que la propagación por semilla tiene muy poca importancia frente a la propagación vegetativa para el mantenimiento de la identidad genética de las variedades.

Por otra parte, la fruticultura es tan antigua como pueda serlo el conjunto de la agricultura. Quizás el primer frutal domesticado pudo ser la higuera hacia el año 10.000 AC. Los primeros frutales fueron los de fácil propagación vegetativa, a través de esquejes, acodos y rebrotes, como la misma higuera, el olivo, la vid, el granado y la palmera. La Biblia es un libro fundamental para encontrar referencias a estas primeras especies frutícolas, así como algunos relieves de obras arqueológicas. Uno de los testimonios más antiguos es el relieve asirio de hace más de 2.800 años de la polinización artificial de la palmera, lo que muestra como la fruticultura ha avanzado a lo largo de muchos siglos de acumulación de conocimiento empírico, al constatar la existencia de pies machos y hembras en la palmera y de la necesidad de la polinización para obtener sus frutos (Figura 1).

Figura 1. Bajo relieve asirio que muestra la polinización artificial de la palmera.

La propagación de los frutales

Como ya se ha indicado, la propagación de los frutales es básicamente vegetativa, con el fin de mantener las variedades como clones que preserven su identidad genética. Por ello las primeras especies domesticadas fueron las de fácil propagación vegetativa. Actualmente, sin embargo, la mayoría de los árboles frutales constan de dos partes: la variedad y el patrón (Figura 2), cada una con su sistema propio de propagación. Sin embargo, las especies de fácil propagación vegetativa han utilizado muy poco los patrones en su cultivo tradicional. Así el cultivo de la vid solo empezó a utilizar patrones cuando la presencia de la filoxera obligó a la utilización de patrones resistentes a la misma. Igualmente en el olivo solo alguna variedad de difícil propagación vegetativa como ‘Empeltre’ se ha injertado, mientras que en las otras el uso de los patrones, especialmente por razones fitopatológicas, es muy reducido.

Figura 2. Los dos componentes del árbol frutal: la variedad y el patrón.

El injerto probablemente es la innovación biotecnológica de mayor trascendencia en la historia de la fruticultura. El agrónomo hispano–latino Columela hace 2000 años ya describió tres tipos distintos de injerto, cuyo conocimiento, como tantos otros, debió surgir de manera empírica, probablemente por la observación de injertos de aproximación entre árboles cuyas ramas se entrelazaban.

Hay dos tipos fundamentales de patrones según su sistema de propagación: clonales y francos. Los patrones francos se obtienen por la siembra de semillas y por lo tanto son heterogéneos en su origen, aunque a lo largo de los años se han seleccionado variedades que producen semilleros bastante homogéneos, como los melocotoneros de industria o el almendro ‘Garrigues’. Sin embargo, cada vez está más extendida la utilización de patrones clonales, obtenidos por diferentes sistemas, en los cuales la facilidad de propagación es fundamental. Se encuentran en desuso algunos sistemas clásicos como los acodos, las sierpes, los rebrotes y el sistema de corte y recalce, como en los patrones de manzano. Todavía tiene su importancia la propagación por estaquillas, ya sean leñosas, semi–leñosas o herbáceas, aunque cada vez es más frecuente la obtención de patrones por micropropagación, con la cual es posible obtener de manera rápida una gran cantidad de individuos.

Igualmente el tipo de injerto ha ido evolucionando a lo largo de los años. Son clásicos los sistemas de escudete, corona, púa o chip, siendo cada vez más frecuente el miniinjerto, que es un injerto tipo chip de pequeño tamaño, tanto de la estaquilla productora de las yemas, como del patrón que la recibe. Este sistema, como ocurre con la micropropagación de patrones, permite la obtención rápida de gran número de plantones.

Un factor fundamental en la utilización de patrones es la compatibilidad entre patrón e injerto. Siempre hay compatibilidad entre elementos de la misma especie y de especies muy cercanas, como el peral que se injerta sobre membrillero, aunque el comportamiento no es siempre homogéneo; así el melocotonero es compatible sobre algunos tipos de ciruelo, pero no sobre otros.

Elección de la plantación

La elección de la plantación es una decisión fundamental por ser permanente, ya que afecta a la toda la vida de la misma, además de muy difícil corrección. Esta elección implica cuatro aspectos que van a definir las características de la plantación: la variedad, el patrón, el marco de plantación y la distribución de los árboles en la misma. Algunos errores en el momento de tomar estas decisiones solo se pueden corregir con el arranque de la plantación, como en el caso del patrón o del marco, pero en otros casos, como en la elección de la variedad y en su distribución, puede intentar corregirse con el reinjerto, que es un proceso costoso que difícilmente resuelve el error, por lo que generalmente no se considera conveniente.

Elección de la variedad

Para la elección de la variedad hay que establecer una serie de criterios que se pueden agrupar en tres grandes conceptos: criterios climáticos, criterios del material vegetal y criterios comerciales. Estos últimos son esenciales para el éxito de la plantación, ya que solo si se alcanza una comercialización positiva de la producción se va a conseguir su rentabilidad, teniendo en cuenta el momento crítico en el que se encuentran actualmente muchas explotaciones frutícolas.

Los criterios climáticos van ligados fundamentalmente a la localización de la parcela y a su ubicación, especialmente por los problemas de heladas que puedan tener lugar en el momento de la floración, y con ello la destrucción de las flores y, en mayor o menor grado, de la cosecha (Figura 3). Las parcelas ubicadas en el fondo de vaguadas son las más expuestas a los daños por heladas (Figura 4), factor que hay que tener especialmente en cuenta a la hora de la elección de la parcela. El problema de las heladas es que son imprevisibles y algunos años recurrentes, pero muchas especies frutales tienen variedades con épocas de floración diferentes, lo que permite la elección de variedades con la posibilidad de florecer después del período frecuente de heladas, siendo el almendro la especie en la que más amplio es el período de floración, especialmente por los avances que se han alcanzado en los distintos programas de mejora (Figura 5).

Figura 3. Rama con flores dañadas por heladas.

Figura 4. Aspecto de una plantación de cítricos con mayores daños por heladas en el fondo de la vaguada.

Figura 5. Estado floral de distintas variedades de almendro en el mismo día de observación.

El clima de la parcela también va a determinar la época de floración de cada variedad, por sus necesidades de frío invernal y de calor primaveral para fijar la fecha de floración, así como para establecer el período reproductivo para alcanzar el momento de la maduración de los frutos. La fecha de maduración puede tener su importancia desde el punto de vista de la comercialización de los frutos, cuando el mercado puede presentar mayor o menor demanda de los mismos. Una época de floración tardía no solo tiene importancia para evitar en lo posible las heladas, sino porque al avanzar en el calendario las temperaturas suelen ser más altas, lo que favorece los procesos de polinización y fecundación de las flores. En regiones sin problemas de heladas puede interesar una floración temprana, especialmente para variedades de maduración temprana que se puedan comercializar como frutos de primor, aunque generalmente no hay una correlación clara entre la fecha de floración y la de maduración.

Entre los criterios propios del material vegetal están las características reproductivas, las fisiológicas y las fitopatológicas. Estas últimas consideran las posibles resistencias o sensibilidades a las diferentes plagas y enfermedades que afectan a los frutales. Evidentemente interesan variedades poco sensibles a estos problemas con el fin de reducir los tratamientos en la plantación y así conseguir una producción más saludable y con una menor incidencia negativa en el medio ambiente.

Entre las características reproductivas de las variedades destacan aspectos como la productividad, la precocidad de entrada en producción para reducir el período improductivo de la plantación, la poca vecería para evitar la alternancia de las producciones y en algunos casos el desabastecimiento del mercado, así como la maduración concentrada, con el fin de poder llevar a cabo la recolección de una sola pasada. A ello se liga la fácil recolección y la poca caída de frutos antes de la misma.

La densidad floral es un aspecto controvertido de las variedades por cuanto parece interesante para alcanzar una gran producción, pero en algunas especies puede obligar a llevar a cabo el aclareo de flores o de frutos con el fin de alcanzar un tamaño de fruto comercial. Esta característica muestra como todas pueden ser interesantes o no según cuál sea la finalidad del objetivo de la plantación.

Entre las características fisiológicas a tener en cuenta están la eficiencia productiva, en la utilización de los nutrientes que se aportan a la plantación, así como las relaciones hídricas, para igualmente maximizar la utilización del agua de riego, ya que no todas las variedades tienen el mismo comportamiento frente a la absorción y el aprovechamiento del agua y los nutrientes. En ello influye la utilización de los patrones más adecuados por cuanto los elementos nutritivos y el agua se absorben a través de sus raíces, especialmente si algunos frutales se cultivan en secano, con un previsible déficit hídrico. Igualmente se puede considerar la resistencia intrínseca de algunas variedades a las heladas, independientemente de su época de floración, ya que variedades de la misma época de floración pueden tener un comportamiento distinto frente a las heladas.

Elección del patrón

La elección del patrón es fundamental porque si se comete un error en su elección al planear la plantación, este error es difícilmente corregible. Esta elección depende fundamentalmente del tipo de suelo de la parcela, por cuanto el patrón es la parte del árbol en contacto con el suelo y responsable de la absorción del agua y de los nutrientes. Por ello, el primer factor a tener en cuenta es el tipo de suelo, considerando que la mayoría de los suelos españoles son calizos y por lo tanto con posibles problemas de clorosis. Igualmente es importante el tipo de suelo por los problemas de asfixia que pueden presentar los suelos muy arcillosos con tendencia al encharcamiento. Por ello, los patrones sensibles a la asfixia se deben evitar en este tipo de suelos. En especies que se pueden cultivar en secano o en regadío, como el almendro, el tipo de patrón también vendrá determinado por el sistema hídrico de la plantación.

En algunas especies el patrón es determinante del vigor de los árboles, especialmente en manzano, con una serie de patrones que permiten regular el tamaño del árbol. Ello influye después en el marco de plantación que se va a elegir, y con ello la densidad de plantación. En los sistemas recientes de plantaciones a alta densidad, en un gran número de especies frutales, este vigor es determinante de la condiciones físicas de la plantación.

El marco de plantación

El marco de plantación define el aspecto físico de la misma por la separación entre las filas y los árboles. Una vez que se ha decidido el marco de plantación, es generalmente inamovible, porque su modificación implica arranques de árboles. En algunos casos se ha recomendado una plantación más densa, que puede entrar antes en producción, con la previsión de arranque de árboles intermedios cuando el volumen de copa ya cubra excesivamente la superficie de la plantación. Sin embargo, a menudo el agricultor nunca ve el momento de llevar a cabo esta ampliación del marco de plantación, con la consiguiente disminución, al menos por unos años, del volumen productivo de la plantación. Por ello, al marco decidido en el momento de establecer la plantación suele ser el definitivo de la misma hasta su arranque final.

El marco de plantación viene definido por la distancia entre filas y la distancia entre árboles dentro de la misma fila. La distancia entre filas se basa fundamentalmente en la maquinaria a utilizar en las distintas operaciones a realizar en la plantación, como son las labores de cultivo, los tratamientos fitosanitarios y la recolección, especialmente en aquellas especies de recolección mecánica, como el almendro (Figura 6). A medida que a lo largo de los años la tendencia ha sido a aumentar la densidad de plantación, también se han desarrollado distintos tipos de maquinaria adaptados a estas plantaciones más densas y con menor distancia entre filas.

Figura 6. Distintos tipos de recolección mecanizada en el almendro en relación al marco de plantación.

La distancia entre árboles dentro de la fila viene determinada por distintos aspectos del árbol y del tipo de plantación, como son el vigor del árbol (de la combinación que forman el patrón y la variedad), el sombreamiento que pueda producirse entre árboles, la maquinaria que vaya a utilizarse (especialmente en casos de recolección mecanizada), etc. Como ya se ha indicado para la distancia entre filas, las empresas de maquinaria van desarrollando nuevos tipos adaptados a los nuevos marcos de plantación, especialmente para las nuevas plantaciones de alta densidad.

Distribución de las variedades

La distribución de las variedades en la plantación solo reviste importancia en las especies de polinización cruzada. Las especies y las variedades autopolinizadas normalmente se plantan en parcelas monovarietales, o al menos en bloques compactos dentro de la parcela, con el fin de facilitar el manejo de la plantación, pero cuando se precisa la polinización cruzada entre variedades se deben adoptar las precauciones apropiadas para facilitar en lo posible la polinización efectiva entre las distintas variedades. Estas medidas son diferentes según que las especies sean de polinización entomófila, básicamente por abejas, como pasa en las especies rosáceas, o anemófila, por el viento, como sucede con el olivo, el nogal o el pistacho.

En las rosáceas con necesidades de polinización, como sucede con las variedades tradicionales de cerezo, ciruelo japonés o almendro, la distribución de las variedades debe ser por filas completas para facilitar el manejo de la plantación, pero en lo posible de filas contiguas para facilitar la labor polinizadora de las abejas (Figura 7). Así, si existe una separación mayor entre filas, como se observa en la Figura 8, difícilmente la polinización puede ser realmente eficaz para conseguir una cosecha comercial de la plantación, ya que las abejas normalmente no se desplazan entre las filas de la plantación, sino especialmente a lo largo de la fila. Por ello la recomendación más juiciosa es la de filas contiguas de distintas variedades inter–compatibles.

Figura 7. Abeja polinizando una flor.

Figura 8. Distribución equivocada de variedades polinizadoras en una plantación.

La polinización cruzada presenta varios problemas en la eficacia de la plantación, por cuanto supone la mezcla de variedades que a veces pueden no presentar una total coincidencia de la floración. Además requiere la presencia de insectos polinizadores y unas condiciones climáticas propicias para el trabajo de las abejas. Las variedades polinizadoras tienen que ser inter–compatibles, aunque los casos de inter–incompatibilidad no suelen ser frecuentes, pero además coincidir al máximo en su época de floración con el fin de que el período de intercambio de polen entre ellas se alargue y se asegure que el máximo de flores pueda polinizarse. La introducción de colmenas de abejas en las plantaciones en el momento de la floración se ha convertido en otra operación normal de cultivo en los casos de polinización cruzada, pues sin la intervención de las abejas no se puede conseguir una cosecha normal.

Los problemas causados por esta situación se han intentando resolver por la mejora genética mediante la obtención de variedades autocompatibles, como ha sucedido con indudable éxito en el cerezo y el almendro. Estas nuevas variedades permiten la plantación de parcelas monovarietales, que facilitan el manejo de la plantación, así como la liberan de la dependencia de los insectos polinizadores y de las condiciones climáticas favorables al vuelo de las abejas.

La facilidad de manejo de las plantaciones monovarietales viene determinada por el hecho de que la plantación es homogénea y por lo tanto todas las técnicas de cultivo son aplicables a una única variedad, sin posibles diferencias en el riego, el abonado, la poda, los tratamientos fitosanitarios y la recolección. Además, las variedades autocompatibles aseguran una total coincidencia de floración entre los elementos masculinos y femeninos de la flor, sin tener que diseñar la distribución de las distintas variedades en la plantación.

En la fruticultura tradicional de huertos familiares, los problemas de polinización no eran demasiado evidentes porque entonces las cosechas no eran de tipo comercial y siempre había poblaciones silvestres de abejas en los alrededores que cumplían con su función de polinizar estos huertos. Sin embargo, estas poblaciones silvestres han disminuido por diversas razones, como enfermedades de las abejas, tratamientos fitosanitarios inadecuados, disminución de su nicho ecológico, etc. Además, las grandes plantaciones de la fruticultura moderna exigen una tal actividad polinizadora que estas poblaciones silvestres no podrían cubrir. Por ello se constató la necesidad de introducir las colmenas en el momento de la floración, aunque ello no resuelve totalmente el problema, por cuanto las abejas solo vuelan y realizan su actividad polinizadora si la temperatura es superior a unos 10–12ºC (temperaturas que a veces solo se alcanzan en unas pocas horas al mediodía en la época de floración de algunas especies). Igualmente no salen de las colmenas si hay un viento superior a unos 24 km/hora, si llueve o si hay niebla, por lo que la sola presencia de abejas no resuelve los problemas de la polinización de estas plantaciones, sino que las condiciones climáticas deben ser favorables para el vuelo de las abejas con el fin de que lleven a cabo una actividad eficaz.

Conclusión

El árbol frutal, con su condición de inamovible y permanente, afecta de manera muy directa la plantación frutal. Esta permanencia implica que cualquier error que se cometa en el momento de establecer la plantación se va a perpetuar a lo largo de la vida de la misma. Por ello, la elección de la variedad y el patrón, del marco de plantación y de la distribución de las variedades es un momento decisivo que requiere toda la atención del agricultor que debe tomar esta decisión, que nunca puede ser tomada a la ligera, ya que el éxito de la plantación va a depender de las elecciones que se tomen en este momento. El tiempo que se dedique a valorar estas elecciones nunca será perdido, sino fundamental para que la plantación pueda ser rentable para el agricultor.

Publicidad

  
  

Newsletter

Suscríbete a nuestra Newsletter

Ejemplar gratuito


Entra en el Kiosco para accecer a tus suscripciones, descargar revistas en abierto, comprar ejemplares, ...

Publicaciones recomendadas

Jornadas Fruticultura