Igualdad

Almería ha acogido el VIII Foro Nacional BusinessAGRO Mujeres Agroprofesionales – MujerAGRO, un encuentro organizado por Siete Agromarketing y eComercio Agrario, que se ha convertido en un referente a nivel nacional sobre igualdad en el sector agroalimentario. Así lo ha destacado, Antonio Aparicio Peña, director de Recursos Humanos y RSC de Pastores Grupo Cooperativo, y uno de los hombres merecedores del Premio MujerAGRO.

El evento ha congregado a más de 300 personas de forma presencial, y al que también se han unido otras tantas a través del canal YouTube de Siete Agromarketing, y a través las redes sociales de MujerAGRO (#MujerAGRO), registrando más de 400.000 impresiones.

Han sido cuatro bloques en los que se ha debatido y reflexionado sobre la importancia de la corresponsabilidad y la implicación de los hombres para trabajar la igualdad efectiva en el sector agroalimentario. En la primera mesa se ha enfatizado sobre la relevancia de llevar a cabo formación en los comités directivos en materia de género, para que se incremente su implicación en la consecución de los objetivos. La comunicación ha sido objeto de análisis en la segunda mesa, con mensajes muy directos en el uso del lenguaje inclusivo, una alfabetización en género y la importancia de dar visibilidad a las mujeres.

En esta edición se ha contado con 16 ponentes, líderes con talento que han proyectado la necesidad de salir de la zona de confort. Todas ellas con puestos de responsabilidad, mujeres emprendedoras que han compartido su experiencia para que el sector agroalimentario siga avanzando en los desafíos que plantea la igualdad, y para que sea resiliente para lograr la equidad. También con hombres que no han dudado en sumarse a la defensa de la igualdad.
 

Apoyo institucional

En la inauguración del VIII Foro Nacional MujerAGRO, la portavoz del equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Almería, Sacramento Sánchez, ha destacado que las mujeres «somos determinantes para la vertebración territorial y social de buena parte de nuestro país, y además somos un vector para la innovación y el emprendimiento rural». Asimismo, «terminar con las situaciones de desigualdad que siguen soportando muchas mujeres que viven, trabajan, emprenden y concilian en zonas agrícolas de España es una responsabilidad compartida». En su intervención ha incidido en que «la presencia femenina está creciendo en puestos ejecutivos y directivos de las principales empresas agrícolas establecidas en Almería».

Por su parte, la directora general de Siete Agromarketing e impulsora del Proyecto MujerAGRO, Gissèle Falcón, ha señalado que «el Proyecto MujerAGRO trabaja en el impulso de una igualdad efectiva desde la corresponsabilidad como preside el lema del foro que hemos celebrado en Almería. No se puede hablar de corresponsabilidad si no somos agentes de cambio. Las empresas, entidades, organizaciones e instituciones tienen el deber de trabajar para visibilizar a mujeres y hombres, a la vez que favorecer la conciliación laboral, familiar e individual».

Por su parte, Antonio Bartolomé, delegado Territorial de la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de Almería ha explicado que «desde la consejería consideramos de gran importancia las actuaciones dirigidas para fomentar el papel de la mujer en el presente y futuro, entre las cuales, el fomento de la titularidad compartida en explotaciones agrarias o el nuevo Estatuto de las Mujeres Rurales y del Mar, con el objetivo de que alcancen una mayor representación en el sector agro-pesquero andaluz y en el desarrollo rural».

La clausura ha correspondido a Olga Carrión, directora del Instituto Andaluz de la Mujer de la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía, quien ha destacado que «la conciliación y la corresponsabilidad tienen y deben de ser un objetivo común de toda la sociedad, especialmente de los agentes implicados en la lucha por la igualdad real».
www.mujeragro.es

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Artículo de opinión

Inmaculada Idáñez, presidenta de la Confederación de Mujeres del Mundo Rural (CERES), con motivo del Día internacional de la Mujer (#8M)

Este 8 de marzo venimos a tender la mano a nuestros compañeros en puestos visibles de toma de decisiones en todas las organizaciones relativas a la economía campesina y vinculada al medio rural con propuestas y apuntando a la realidad con la que convivimos las mujeres del campo.

Para que las mujeres sintamos atracción por el acceso a los cargos directivos y veamos la profesión agraria como una salida al empleo se necesita que el sentido inclusivo de la perspectiva de género inunde todas las áreas de trabajo. La igualdad, no es sólo cosa de mujeres, es el objetivo final que queremos alcanzar las mujeres, pero todos y todas hemos de vivir y ejercer cambios. El camino del feminismo está unido a la transformación social que vivimos y debe traducirse en modificaciones estructurales en cooperativas agrarias, en organizaciones profesionales, en consejos de agua y en grupos de desarrollo rural. La idea no es ser mujeres cuota, sino ser mujeres palanca que abran la puerta a otras formas de trabajar.

En 2021 hemos dado a conocer los resultados del estudio ‘La participación política de las mujeres campesinas en el Estado español’ financiado por Mundubat (https://ceres.org.es/participacion-politica-de-las-mujeres-campesinas-en-el-estado-espanol)

En él queríamos poner de relieve cuáles son las verdades por las que no estamos en los puestos de toma de decisiones. Como responsable del Área de Mujeres de COAG mantengo muchas reuniones y encuentros con compañeros y debates para intentar desbloquear esta situación, escucho continuamente la culpabilización de las propias mujeres porque cuando se nos invita a ocupar espacios no queremos acceder a ellos. Eso es verdad, no queremos. Pero realmente hay que plantearse que esta realidad tiene unos motivos; ¿por qué no miramos lo que estamos haciendo para que de verdad ellas vean en una organización extremadamente masculinizada y en esta profesión una casa en la que acogerse?

El estudio señala en primer lugar el lenguaje (masculino genérico) y los presupuestos públicos de las políticas, planteado desde la neutralidad como uno de los problemas. El “agricultor genuino” no plantea que detrás haya mujeres productoras, nos invisibiliza. También aparecer siempre en un capítulo junto a los jóvenes (también masculinos). A pesar de que compartamos muchas de las soluciones para salir de nuestra exclusión, las causas por las que no accedemos a los derechos son muy distintas. La falta de apuesta decidida por presupuestos destinados de manera expresa, a los modelos productivos de mujeres nos penaliza. Según el diagnóstico del Plan Estratégico de la PAC, que entrará en vigor el año que viene,: «las explotaciones de mujeres son menos competitivas». Porque claramente se nos está exigiendo que tengamos grandes explotaciones que puedan competir en mercados internacionales en esa competitividad de precios de esas producciones deslocalizadas que no cumplen con los requisitos sanitarios de las granjas españolas, pero que sí entran a Europa para bajarnos a nosotras los precios. La uberización del campo nos expulsa de las oportunidades. Es una falacia estar dando discursos sobre las mujeres como fundamentales para la fijación del territorio cuando con la otra mano se nos invitan a salir.

Nosotras estamos en la agricultura y la ganadería para cambiar el paradigma y solo las organizaciones como COAG, que defiendan este modelo, serán las que de verdad estarán comprometidas con la igualdad de derechos para las mujeres. Desde ahí es desde donde exigimos que queremos ser reconocidas. El discurso no debe centrarse en si las mujeres queremos o no estar en las directivas, las organizaciones deben mencionar en sus discursos que sin precios dignos y una agricultura vinculada al territorio, nosotras nunca vamos a poder acceder.

Se nos plantea como una barrera la cotización a la seguridad social como autónomas para poder tener los mismos derechos y obligaciones. Y aquí también nos apuntan con el dedo a estar siendo cómplices de una economía sumergida cuando no convertimos en visible nuestra productividad. Démosle la vuelta a la forma de verlo: ¿en qué explotación de las actualmente ahogadas por los resultados económicos es viable añadir un nuevo gasto mensual de casi 300 euros? ¿Hemos de pactar con nuestras parejas quién de los dos va a cotizar? De esta manera, nunca vamos a salir del modelo tradicional de una familia con un cabeza sustentador económico. El problema no está en cotizar, el problema está en que se nos exigen los mismos impuestos y las mismas obligaciones a los grandes que a los pequeños. También consideramos que las ayudas vinculadas a la propiedad de la tierra dejan fuera a las que no tenemos tierra. Las estadísticas lo dejan claro; en España solo el 9% de las explotaciones con más de 30 hectáreas están en manos de mujeres. Sin embargo, en las explotaciones de menos de 5 hectáreas, el 58% son femeninas. Hay que dotar de sentido a la Política Agraria Social. Siempre estamos analizando la producción desde la materia prima, la semilla, el producto y todas las prácticas que se pueden ejercer para preservar la biodiversidad, sobre la tierra en sí. Pero no nos planteamos en los efectos que ejercen sobre el sistema social que hay a su alrededor.

A menudo reivindicamos el papel vital de los profesionales de la agricultura y nosotras. No solo son mujeres ese 30% que aparece en los libros de cuentas, las titulares. Las cosechas también salen adelante con la mano de obra de las mujeres que acompañan en los jornales como “ayuda familiar” o que gestionan los documentos en las administraciones y organizan en carpetas en casa todo lo relacionado con el área de relaciones laborales. Nosotras también somos agricultoras, cuando cargamos las furgonetas de nuestros productos y nos vamos de ruta por los mercados a venderlos. Hay que ir más allá, no podemos continuar permitiendo que sean las leyes de un modelo socialmente injusto quienes nos digan si somos o no somos agricultoras y ganaderas a los ojos de la ley. El feminismo quiere introducir en el debate otros componentes del éxito no son solo 0 en la cuenta corriente. Para nosotras la viabilidad de una explotación también habla de los derechos sociales y culturales. Del tiempo para el ocio, para la participación, para la cultura y para el autocuidado.

Hasta hace unas décadas, la igualdad y la liberación de la mujer parecía que era alcanzar los mismos estándares y métodos de trabajo que los hombres. En este 8 de marzo queremos abrir la mano para feminizar de forma visible nuestros campos. Nuestro estudio apunta también a esta barrera. Solo se nos “perdona” como agricultoras y ganaderas si somos capaces de conducir el tractor (esos que ahora van con aire acondicionado y amortiguación de lujo mientras nosotras pisamos la tierra). Es la hora de dar nombre a todos las tareas que se ejecutan en una explotación agraria: contratación de personal y documentación laboral, de prevención, salud e higiene en el trabajo, administración de las ayudas, venta en canales cortos de comercialización, participación en las recolecciones, adecuación de los alojamientos para personas temporeras, apoyo en lo sindical y, como no, todas esas tareas de cuidados de la casa, de las personas dependientes que, si no estuvieran sostenidas por las mujeres, harían imposible también que ellos den la cara al frente de las organizaciones de poder. Las agrofeministas queremos poner la vida en el centro. Queremos servicios de sustitución y para los cuidados en los cursos, en las reuniones, en las jornadas sindicales y queremos horarios que nos permitan a todos y a todas conciliar. Crear estructuras amables para los cuidados es la verdadera invitación que recibiremos las mujeres a participar. Hay que cuestionarse los formatos y las dinámicas y plantear nuevas formas. La igualdad es en los dos sentidos. Los hombres también han perdido muchas oportunidades de acompañar a sus padres y madres al médico, de salir al parque con sus criaturas. Los roles tradicionales nos deshumanizan a todos. ¿Qué hay de malo por tener una ludoteca en nuestras oficinas donde podamos llevar a los pequeños a jugar y a estudiar mientras nosotras nos reunimos? ¿Es menos profesional?

Porque nunca alcanzaremos la plena soberanía en nuestro modelo de producir mientras no haya igualdad y justicia para las explotaciones y todas las personas que participan en ellas.

 

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Toledo ha acogido el II Foro Nacional Business Agro – Mujeres Agroprofesionales bajo el lema ‘La igualdad es una tarea de tod@s’, con una gran afluencia de público, y una concienciación social en favor de la igualdad de oportunidades y la diversidad en el sector agroalimentario. En el mismo han participado los principales agentes implicados en este contexto, iniciativa de la agencia de comunicación Siete Agromarketing, que ha contado con la colaboración de Cooperativas Agro–alimentarias de España, Fepex, la Asociación 5 Al Día, la D.O. Valdepeñas, y UPA, COAG y ASAJA, junto a sus respectivas asociaciones, FADEMUR, CERES y AMFAR. Todo ello con el patrocinio de ANSEMAT, Syngenta, Liberbank, Covap, Adama, Caser Seguros, Onuba Fruit, John Deere, IM Integral Media (Digital Partner) y Castilla–La Mancha, Ayuntamiento de Toledo e Instituto de la Mujer de Castilla–La Mancha.

La inauguración oficial de este foro ha corrido a cargo de Gissele Falcón, directora general de Siete Agromarketing; Charo Navas, directora del Instituto de la Mujer en Toledo; Carolina Gutiérrez Ansótegui, subdirectora general de Innovación y Modernización del Medio Rural, D.G. de Desarrollo Rural y Política Forestal MAPA; y Juana Velasco Mateos–Aparicio, secretaria general de la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural.

El periodista agroalimentario Álvaro Bárez, colaborador de distintos medios, y secretario ejecutivo de la Asociación de Periodistas Agroalimentarios de España (APAE), ha moderado las cuatro mesas de debate que se han celebrado, destacando durante la presentación de las mismas que «Toledo es una comunidad donde el sector agroalimentario tiene un peso importante. Desde el punto de vista de la administración, se está apostando por la igualdad, y prueba de ello es la próxima puesta en marcha del estatuto de las Mujeres Rurales».

Las cuatro mesas de diálogo y debate han sido ‘Camino al emprendimiento. Impulsando el talento’, centrada en dar a conocer y poner en valor iniciativas que se están desarrollando para favorecer el emprendimiento entre las mujeres en el ámbito agroalimentario; ¿Yo soy mujer agro, y tú? Experiencias’, cuyo objetivo ha sido dar explicar experiencias de mujeres que vienen destacando en el sector agroalimentario, y aquellas que juegan un papel de representatividad de la mujer en el ámbito rural; ‘Importancia de la comunicación como medio de cambio’, para dar a conocer qué se está haciendo y qué se puede hacer desde los medios de comunicación para conseguir la igualdad de género en el mundo agroalimentario, y la última, focalizada en dar a conocer la visión de la igualdad de género y qué se puede aportar desde el sector agroalimentario de cara a conseguirla, desde la alta dirección.

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