Cambio climático

La Federación Española del Vino (FEV) ha organizado en la sede de la Asociación Española de Normalización (UNE), en Madrid, la jornada ‘Tecnología, formación y vino: Unidos contra el cambio climático’. El evento ha reunido a expertos, investigadores y representantes del sector vitivinícola para abordar los desafíos que presenta este fenómeno climatológico para los viñedos españoles y para el conjunto del sector, así como las oportunidades que la tecnología y la formación ofrecen para hacer frente a sus efectos a través de proyectos concretos.

Para poner en contexto la problemática que enfrenta el sector, la Dra. Emma Gaitán, responsable de proyectos en la Fundación para la Investigación del Clima, ha presentado un exhaustivo análisis sobre los escenarios futuros posibles y cómo los distintos cambios en el clima (aumento de temperatura, sequía, etc.) pueden impactar en los viñedos españoles según evolucionen una serie de parámetros bioclimáticos.

A continuación, se han dado a conocer los avances y resultados de algunos de los proyectos de I+D+i en los que está trabajando la FEV y que buscan dar respuesta a estos retos mediante herramientas tecnológicas y formativas. En primer lugar, algunos de los miembros del grupo operativo que está ejecutando el proyecto VID–Expert han presentado los avances realizados hasta la fecha para desarrollar un sistema inteligente de diagnóstico de la huella de carbono y mitigación del cambio climático en el sector vitivinícola a través de una herramienta digital que no solo facilite cuantificar las emisiones sino también ofrecer las medidas de mitigación adecuadas. En la mesa redonda han participado Julia Delgado (FEV), Cristina Escriche (INTERGIA), Miguel A. López (SATEC) y Xavier Bellón (UNE). Vid–Expert cuenta con una financiación de 599.444€ a cargo de la UE a través de la Asociación Europea para la innovación en materia de productividad y sostenibilidad agrícola, financiada por el Fondo Europeo Agrario de Desarrollo Rural (FEADER) junto al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

La jornada ha servido también para presentar los resultados del proyecto Green Vineyards, que ha concluido con la creación de un programa específico de formación para aumentar los conocimientos y capacidades de los trabajadores del sector vitivinícola frente a los retos del cambio climático. Precisamente, sobre la necesidad de formación y profesionalización en este ámbito ha versado la mesa redonda protagonizada por Trinidad Márquez (FEV), José Manuel Delgado (UPA), Andrea Casquete (PTV), María Dolores Cima (UNIR) y Luis Buitrón (FEAE).

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El cambio climático trae de cabeza a bodegas y viticultores de nuestro territorio. Desde hace algunos años, los elaboradores se esfuerzan por encontrar la manera de hacer frente a una compleja realidad que se traduce en aumento de las temperaturas, escasez de agua y desequilibrio climatológico. El Marco de Jerez se protege de sus devastadores efectos con la mirada puesta en la sostenibilidad y en el desarrollo progresivo de prácticas ecológicas.

A pesar de que el tradicional sistema de criaderas y soleras implica una continuidad en el envejecimiento de los Vinos de Jerez y por tanto dificulta la aplicación de los procesos de certificación ecológica, el Marco «está llevando a cabo multitud de iniciativas en todas las fases del proceso de elaboración que suponen una decidida apuesta por la sostenibilidad». Entre otras cosas, el territorio de la Denominación de Origen tiene ya más de 500 hectáreas de viñedo en cultivo ecológico. El peculiar clima de la región, cálido y con el predominio de los vientos secos de levante, permite reducir de forma significativa el uso el uso de herbicidas y pesticidas, al verse sus viñedos menos afectadas por las enfermedades típicas de la vid, frente a otras regiones más húmedas.

Principales prácticas sostenibles en el Marco de Jerez:

Optimización de recursos hídricos. Algunas de las prácticas más eficaces son con frecuencia el resultado de conocimientos ancestrales. Tras la vendimia, los viticultores excavan piletas rectangulares en las calles del viñedo para retener y almacenar el agua de lluvia del otoño e el invierno. Esta técnica tradicional conocida como aserpia o aserpiado impide que el agua corra sin control y se desperdicie entre las pendientes de los cerros. En primavera, se allana la superficie del suelo para aprovechar el agua almacenada durante los meses de más calor. Se trata de un uso eficaz y sostenible de los escasos recursos hídricos con los que cuenta el Marco de Jerez, donde la pluviometría se reduce progresivamente y el sol brilla 300 días al año.

Nuevas variedades para el futuro. Uno de los avances más destacables en materia de sostenibilidad en el Marco de Jerez lo protagonizó en 2022 la autorización, por parte del Consejo Regulador, del empleo de nuevas variedades de uva para la elaboración de Vinos de Jerez. A las tradicionales ‘Palomino’, ‘Pedro Ximénez’ y ‘Moscatel’, se suman desde hace dos años otras variedades que también tiene un carácter histórico, pero cuyo uso fue abandonado a principios del pasado siglo, tras la plaga filoxera. Los estudios más recientes demuestran que la ‘Beba’, la ‘Vijeriega’ o la ‘Perruno’ son variedades locales que pueden ofrecer nuevas perspectivas de futuro para los viticultores, especialmente en las nuevas condiciones climáticas.

El ‘velo de flor’ como preservante natural. Una de las grandes ventajas con las que cuentan los Vinos de Jerez y la Manzanilla desde el punto de vista de la sostenibles radica precisamente en ese fenómeno natural característico del Marco de Jerez que es la llamada crianza biológica. Se trata de unas levaduras naturales que se producen en el interior de las botas formando el llamado ‘velo de flor’, que no sólo protegen al vino den la oxidación, sino que hace innecesaria la adición de sulfitos a lo largo del proceso de crianza. En definitiva, el velo de flor hace de los Vinos de Jerez un producto mucho más natural.

Control de la huella de carbono. Junto a todos estos factores naturales y tradicionales que inciden en el carácter sostenible de las Vinos de Jerez y la Manzanilla de Sanlúcar, cada son vez más bodegas que controlan su propia huella de carbono y trabajan de forma constante para reducirla. Como ejemplo, en la actualidad, se utilizan botellas cada vez más ligeras que disminuyen el peso de los palés y contribuyen a un considerable ahorro de la energía invertida en el transporte.

Gracias a estas prácticas tradicionales y ecológicas, el Marco de Jerez se sitúa a la vanguardia en lo que a sostenibilidad se refiere, asegurando una larga vida a estos vinos únicos.  
www.sherry.wine/

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El Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) ha presentado en Mollerussa (Lleida) la red RegAssist, iniciativa que debe servir de apoyo al sector agrícola para optimizar el uso del riego y la gestión de recursos hídricos, sobre todo en las actuales condiciones de sequía e incertidumbre climática. El acto ha tenido lugar durante la visita de Carmel Mòdol, secretario de Alimentación del Departamento de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural de la Generalitat de Catalunya y vocal del Consejo de Administración del IRTA, que ha destacado que «desde el Govern hemos querido trabajar con el IRTA para dar asistencia al sector y avanzarnos en las futuras situaciones de problemas con la disponibilidad de agua en agricultura».

A pesar de que RegAssist utiliza diversas tecnologías avanzadas para crear predicciones y una simulación en tiempo real del estado hídrico del campo, «el punto clave es la creación de una red de personal técnico e investigador especializado, con equipos localizados en varios puntos del territorio catalán, que podrán ofrecer apoyo a los agentes implicados con la gestión de los recursos hídricos de cada zona».

Josep Usall, director general del IRTA, ha explicado que «el embrión de RegAssist empezó el año pasado con la colaboración y el apoyo a las comunidades de regantes. Comprobamos lo importante y beneficioso que era el diálogo constante en el terreno, y cómo la recogida de datos ‘in situ’ y el uso de nuevas tecnologías podía ayudar al sector a disponer de una mejor información para optimizar el uso del agua».

El concepto de fondo no es nuevo: las estrategias de riego inteligente hace tiempo que se han demostrado eficientes, y tienen efectos positivos sobre la producción, la calidad de esta y la sostenibilidad ambiental. El agua, como recurso escaso y valioso, se utiliza de esta manera de una forma precisa y con el mayor ahorro posible. Jordi Oliver, coordinador de la red RegAssist, ha señalado que, «desde 2023, el IRTA hace un acompañamiento especial al sector, en previsión de una muy probable situación de sequía, pero este apoyo había estado más centrado en las áreas de Lleida y Girona. Ahora, con RegAssist, se extenderá al resto de Catalunya».

La red de técnicos especialistas se distribuirá por todo el territorio atendiendo a las diferentes necesidades y condiciones de cada zona: en el área de Lleida, donde se cultivan frutales y cultivos extensivos; en el Ebro, con el arroz y los cítricos; en la viña del Penedés y los olivos, avellanos y hortícolas del Camp de Tarragona; en el Baix Llobregat y el Maresme, con hortícolas y frutales; y en Girona, con frutales y extensivos. Además, se trabajará en el estudio de fuentes alternativas al agua de los embalses, como el uso de aguas regeneradas o subterráneas.

«RegAssist ha nacido para facilitar y mejorar la transmisión y la aplicación de conocimiento y tecnologías desarrolladas en el ámbito de la investigación del riego», ha apuntado Oliver, que ha añadido que «se pretende transferir conocimiento científico y técnico a todos aquellos agentes interesados: comunidades de regantes, cooperativas agrícolas, ADVs, ECAs, asociaciones agrarias, empresas agrícolas... en estrecha colaboración con los agentes e instituciones que dependen de la administración pública, ya desplegados y con experiencia en el territorio, como la Oficina del Regante u otras entidades públicas».

 

Conocimiento técnico y científico

La idea es que los productores y las comunidades de regantes puedan disponer de todo el conocimiento técnico y científico para saber con precisión qué cantidad de agua necesita cada cultivo, cómo debe aplicarse para mejorar la eficiencia en el uso del agua, y que fases del desarrollo de cultivo son las más indicadas para reducir su uso minimizando efectos adversos en la producción o calidad del producto. Gracias a la presencia de equipos especializados en las principales zonas productoras de Cataluña, «se puede ayudar a identificar las vulnerabilidades y oportunidades locales, realizar pruebas piloto, y acompañar en la implantación de infraestructuras». La sede de coordinación de la red RegAssist y la mayoría del equipo humano se encuentran en Lleida, en concreto en el IRTA Fruitcentre.

Para realizar este trabajo es necesario recoger datos en el terreno y efectuar un análisis previo que permita una correcta planificación, así como establecer planes de contingencia para episodios de escasez de agua como el actual. Las nuevas tecnologías aplicadas a la agricultura (teledetección, Inteligencia Artificial o Big data), junto con la estadística y la informática «se revelan claves para la agricultura del futuro, acelerada por las necesidades del presente».

A través de RegAssist, «los distintos agentes interesados e implicados tanto en la gestión como en el uso de agua en la agricultura, dispondrán de información que permita elaborar recomendaciones en el uso del agua siguiendo criterios científicos y técnicos basados en la larga experiencia en investigación del IRTA y en las últimas tecnologías». La información sobre estas recomendaciones, el estado actual del suelo y las previsiones de futuro «formarán parte de un ‘gemelo digital’, una simulación en tiempo real del estado del campo y de sus necesidades hídricas. Esta información la podrán tener a través de plataformas digitales».

El IRTA ha informado que para alcanzar los objetivos este 2024, «está desplegando una red de técnicos especializados en el ámbito hídrico distribuida por todo el territorio catalán, con una visión de futuro y una labor de transferencia bidireccional de información». En 2025 se espera tener una implantación completa de la red y un funcionamiento normalizado en el territorio, que vaya más allá de la emergencia actual por sequía.

Cataluña tiene unas condiciones singulares a la hora de plantear sus necesidades de agua, con áreas muy diferenciadas. En las cuencas catalanas del Ebro, la mayoría de demanda de agua es para la agricultura (un 95%), pero en las cuencas internas está más disputado con la demanda industrial y doméstica (un 44%, debido sobre todo a la gran área urbana de Barcelona y su entorno). Ello hace que «las principales instituciones que gestionan las cuencas, la Agencia Catalana del Agua y la Confederación Hidrográfica del Ebro, a menudo enfrenten circunstancias distintas». Aparte de esto, aunque la mayoría del terreno es de secano, la mayor productividad se da en los terrenos con regadío, que ocupan un 27% de la superficie agrícola.

«La escasez del agua y las previsiones de un futuro aún más incierto, hacen necesarias las prácticas centradas en la optimización del agua que tenemos, tanto para asegurar la viabilidad económica de algunos cultivos, como incluso para a la propia supervivencia de los cultivos leñosos. Pensamos en un sector vitivinícola que enfrenta grandes pérdidas, o en los problemas de una olivicultura que ha disparado el precio del aceite, situaciones que llegan muy directamente a toda la ciudadanía», han indicado desde el IRTA.

La situación de sequía extrema en la que se encuentra Cataluña desde el año 2021 es la más longeva e intensa desde que se tienen registros fiables. Por este motivo, «el conocimiento coordinado y acumulado de nuestros científicos y técnicos permite idear estrategias de riego específicas para alcanzar el ahorro de agua sin repercutir negativamente en los cultivos, o incluso consiguiendo lo contrario», ha manifestado Jaume Casadesús, jefe del programa Uso eficiente del agua en agricultura en el IRTA, equipo que lleva más de 30 años trabajando en la mejora de la gestión del agua de riego y la eficiencia de la producción agrícola. Y ha concluido subrayando que «con RegAssist, damos un paso más en este trabajo y nos preparamos para gestionar mejorar un recurso tan escaso y valioso como el agua».

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VID–EXPERT, un sistema que pretende facilitar a los viticultores y bodegas la interoperabilidad, diagnóstico y gestión de la huella de carbono, para contribuir a la mitigación del cambio climático en el sector vitivinícola, sigue avanzando tras más de un año de trabajo y recopilación de datos para nutrir dicha herramienta. Cuando esté operativa, «no solamente determinará el cálculo de la huella de carbono en el viñedo y en la producción del vino en la bodega, sino que, además, proporcionará a cada usuario recomendaciones personalizadas para la toma de decisiones relacionadas con la mitigación del cambio climático en el sector».

Para su desarrollo, el Grupo Operativo VID–EXPERT ha realizado unas encuestas integrando la parte agrícola (viñedos) con la de producción (bodegas), a través de las cuales se pretende obtener suficiente cantidad de información para poder alimentar y testear la herramienta.

De forma paralela, «se ha trabajado en la elaboración del modelo de datos a partir del cual se desarrollará este sistema inteligente. Este modelo parte de la metodología para calcular la huella de carbono, teniendo en cuenta las fuentes de emisión de gases de efecto invernadero en las actividades vitivinícolas».

Una vez finalizada la recopilación de datos a través de encuestas distribuidas por todo el territorio vitivinícola español y su tratamiento y análisis, se diseñará el software VID–EXPERT, que «supondrá una aportación novedosa y valiosa al sector del vino a escala global». Según sus promotores «esta herramienta digital va más allá del mero cálculo de la huella de carbono, ya que realizará el análisis inteligente de los datos con técnicas de inteligencia artificial, y aportará un diagnóstico personalizado de las fuentes de emisión y unas de recomendaciones de mitigación basadas en su relación entre coste y eficiencia, teniendo en cuenta su compatibilidad con la cultura de la organización y con el tipo e imagen del vino producido».

Toma de decisiones independiente y económica

El sector del vino está, cada vez más, concienciado con los efectos del cambio climático, y «se esfuerza en buscar maneras de adaptarse o implantar medidas de mitigación. Para la gestión eficaz de la mitigación, las empresas precisan a menudo de costosos servicios externos». Por ello, surge este proyecto para poner al alcance de los gestores de viñedo y bodega «la toma de decisiones de forma más independiente y económica».

De forma adicional, el proyecto VID–EXPERT analiza las características y estado de la actual certificación de sostenibilidad en el sector vitivinícola), dentro de la cual se evalúa la

huella de carbono, y se pretenden realizar propuestas tecnológicas que puedan aumentar el valor de la certificación y promuevan un uso más extendido de este certificado. En este sentido, la FEV, como entidad promotora del certificado de Sustainable Wineries for Climate Protection (SWfCP), «elaborará planes de mejora que las bodegas puedan implementar para ser más sostenibles». Así, esta herramienta digital «permitirá a las bodegas calcular su huella de carbono global y su reparto entre las diferentes prácticas en el viñedo para poder actuar donde sea más necesario y eficaz la reducción de huella de Carbono de forma precisa, y a partir de ahí gestionar su reducción de forma eficiente y personalizada, facilitando una futura certificación o su renovación si ya la poseen».

El grupo operativo VID–EXPERT lo integran: Asociación Española de Normalización (UNE), Federación Española el Vino (FEV), Intergia Energía Sostenible (INTERGIA), Sistemas Avanzados de Tecnología, S.A. (SATEC), Universidad Politécnica de Madrid (CEIGRAM-UPM), Instituto De Investigación Y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) y la Universidad De Zaragoza (UNIZAR).

Cabe recordar que se trata de un proyecto financiado por la UE a través de la convocatoria 2022 de subvención para proyectos de innovación de interés general por grupos operativos de la Asociación Europea para la Innovación en materia de productividad y sostenibilidad agrícolas (AEI-Agri), en el marco del Programa Nacional de Desarrollo Rural 2014- 2020 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

https://www.une.org/cooperacion/vid-expert

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El proyecto europeo VITISAD 2 busca fomentar e impulsar prácticas vitícolas que permitan la adaptación al cambio climático del viñedo del área occidental del espacio POCTEFA, que integra al conjunto de departamentos y provincias próximas a la frontera franco-española, así como al principado de Andorra, mediante la cooperación entre España y Francia.

Por Francia participan el Institut Français de la Vigne et du Vin, la Chambre d’Agriculture des Pyrénées Atlantiques y la Université de Toulouse 2–Jean JAURES, mientras que por nuestro país lo hacen la Dirección General de Desarrollo Rural del Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente de Gobierno de Navarra, la Dirección General de Agricultura y Ganadería del Gobierno de La Rioja y el centro tecnológico NEIKER.

Entre las acciones propuestas caben destacar:

– La gestión hídrica sostenible para la viña y uso eficiente del agua de riego, optimizando este recurso y adaptando la estrategia de aplicación para incrementar la calidad de la uva. Para ello, se desarrollarán técnicas más eficientes, como el riego subterráneo, y se adoptarán estrategias de riego con apoyo de medidas de campo y satelitales que permitan ajustar las necesidades de la vid a amplias superficies de cultivo.

– La selección de variedades y clones adaptadas al cambio climático que, sobre la base de resultados obtenidos en el anterior VITISAD, ampliará el estudio de su comportamiento agronómico y añadirá nueva información en cuanto a su estado hídrico, nutricional y fenológico, evaluando la resiliencia frente al cambio climático.

– El empleo de distintos tipos de cubierta vegetal, como forma de protección del suelo del viñedo frente a la erosión y a la escorrentía, y de diferentes cubiertas, localizadas en la línea de plantación, como alternativa sostenible al uso de herbicidas.

– El control y protección de los racimos frente a las altas temperaturas estivales a través de técnicas de sombreado.

– El estudio de la aceptabilidad y transferencia de las prácticas vitícolas planteadas en el proyecto, analizando las opiniones de viticultores, autoridades públicas y consumidores sobre las prácticas de adaptación propuestas, analizando la posible existencia de obstáculos para su implementación práctica.

Según han indicado los promotores de la iniciativa todas estas acciones «se encuentran integradas en las políticas verdes y agrarias de la UE y contribuyen a fomentar un desarrollo sostenible del territorio a través de las soluciones innovadoras expuestas». Entre los posibles beneficiarios de los resultados de VITISAD 2 se encuentran los distintos agentes del sector vitivinícola, las Administraciones Públicas, las Organizaciones Profesionales Agrarias y los Consejos Reguladores y de Producción Ecológica competentes en el sector vinícola.

Este proyecto de cooperación transfronteriza para la adaptación del viñedo al escenario climático actual fue aprobado el pasado 21 de febrero por resolución de la Autoridad de Gestión del Programa Interreg VI–A España–Francia–Andorra (POCTEFA 2021–2027) y durará hasta febrero de 2027. De esta forma, se reconoce la contribución del VITISAD precedente y «se valora tanto la necesidad de capitalizar los resultados obtenidos en el mismo, como ampliar las líneas de trabajo desarrolladas antes, así como abrir horizontes a otras futuras». VITISAD 2 dispone de un presupuesto de 865.446,42 €, cofinanciado al 65% por la Unión Europea.
https://neiker.eus/es/proyecto/vitisad-ii/

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En una zona marginal de cultivo, que ocupa una superficie de 125 hectáreas entre las comarcas de Los Serranos y Camp de Túria (Valencia), un proyecto de recuperación de la producción de algarrobas mediterráneas con árboles centenarios y con nuevos pies de especies autóctonas va a repercutir en el medio ambiente, como sumidero de CO2, y va a implantar un modelo bioeconómico sostenible con alcance internacional.

Desde el punto de vista del cambio climático, los algarrobos del proyecto «son una especie clave para la restauración de la naturaleza, así como para la prevención de la desertización, las inundaciones y los incendios forestales». Precisamente, su capacidad de adaptación a climas secos y al propio cambio climático convierten al algarrobo autóctono valenciano en «un cultivo viable de mantener, rentable económicamente hablando y que permite integrar la actividad agraria con la prevalencia de la masa forestal del entorno». 

El modelo de negocio ecológico impulsado por Pedro Pérez, dueño de una empresa familiar dedicada desde 1963 a la algarroba en Bugarra (Valencia) basado en el cultivo de algarrobos y en la fabricación de sus derivados para el sector alimentario, como el estabilizante natural de harina de garrofín, los troceados o la harina de algarroba, «se basa en el respeto del entorno, la mejora natural de las condiciones del terreno y su convivencia con el hábitat forestal». 

 

Puesta en valor de la autoctonía 

El de la algarroba es «un cultivo marginal», de agricultura a tiempo parcial, con explotaciones pequeñas, con marcos de plantación amplios, baja rentabilidad de producción por superficie cultivada y «oscilaciones de precio y producción desproporcionadas». Esto, según Pérez, «junto con la falta de oferta del producto ha generado incrementos de precio desmesurados y falta de suministro a nivel mundial, reduciendo su consumo por estas dos circunstancias». 

Uno de los objetivos del proyecto es poner en valor este cultivo propio de la zona, «incrementando la oferta de algarrobas en el mercado y afianzándolo de manera sostenible, tanto para el agricultor como para la industria troceadora», explica su impulsor.

El segundo objetivo es servir como plantación espejo que anime a otros agricultores a interesarse por este cultivo de manera profesional, y «conseguir que deje de ser marginal, pasando a formar parte de producciones agrícolas totalmente sostenibles», apunta Pérez. 

Los clientes que apuestan por la algarroba autóctona mediterránea y sus derivados, como harinas y espesantes, son del centro y norte de Europa, sudeste asiático, Estados Unidos, Canadá o República Checa. «El negocio internacional del producto acapara en torno al 70% de las ventas, es decir entre 15 y 16 millones de kilos al año», subraya. 

En lo que concierne a la parte técnica del proyecto, desde que concibió ampliar su apuesta secular por este producto en la parcela referida –entre las partidas del Quemao, del Pedregoso y Mas del Jutge–, Pedro Pérez contó con la colaboración de Jorge Pi, ingeniero agrónomo especializado en ingeniería rural del estudio valenciano MasQueIngenieros (MQI), «para analizar las posibilidades del terreno en la recuperación de este espacio mediterráneo tradicional y favorecer la restauración de lo que hace 80 años fue de cultivo de algarrobos en convivencia con la masa forestal que había ganado terreno en esa zona despoblada». El proyecto empieza con 65 hectáreas y se podrá ampliar hasta las 125 mencionadas.

El fruto del algarrobo, la algarroba, es un ‘superalimento’ que, según el estudio realizado por Miguel Ángel Domene Ruiz, responsable de Alimentación y Salud del Grupo Cooperativo Cajamar, además de su uso como aditivo para la industria alimentaria, «lleva asociados beneficios saludables, libre de gluten, mejora la digestión, con bajos niveles de colesterol en sangre, es antioxidante, sirve para tratar las diarreas, previene la osteoporosis y ayuda a la prevención del síndrome del intestino irritable».

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El seguro agrario ha sido el centro de todas las miradas y reflexiones en la jornada organizada por el Consejo General de Colegios de Ingenieros Técnicos Agrícolas en la sede del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en Madrid, el 11 de abril, bajo el título ‘El papel del perito en los seguros agrarios combinados: pieza clave en la protección del sector agropecuario’. Ha sido observado con lupa para detectar sus fortalezas, fisuras y las posibles curas ante la alta siniestralidad a la que está haciendo frente, especialmente desde el año 2020, a causa de la imprevisibilidad climatológica y, además, se ha puesto en valor el trabajo de los peritos, pieza fundamental para el buen desarrollo de la maquinaria y el pago de indemnizaciones.

Félix Novoa, director del área técnica de Agroseguro, ha sido el encargado de proporcionar a los asistentes algunas de las cifras de mayor. Así, la sequía (496 millones de euros –M€– en indemnizaciones), el pedrisco (375 M€ en indemnizaciones) y las heladas (61 M€ en indemnizaciones) convirtieron 2023 en el año de mayor siniestralidad de la historia del seguro agrario, con un total de 1.241 M€. De hecho, «la sequía de 2023 es la más grave en los 45 años del seguro agrario». Todo ello ha llevado a que la ratio de siniestralidad se haya situado en el último ejercicio en un 169%; la principal consecuencia ha sido que la reserva del consorcio de compensación de seguros ha caído en más de la mitad en solo tres años, situándose en 353 M€. La diferencia entre las primas pagadas y las indemnizaciones recibidas ha sido de 712 M€.

En la jornada se ha insistido en que el seguro agrario es una herramienta imprescindible que continúa siendo solvente, algo que propicia que la confianza de los asegurados, así como la contratación, sigan creciendo ejercicio tras ejercicio. Asimismo, todos los ponentes han coincidido en que las reglas del juego han cambiado y es necesario adaptarse a ellas.

Para Miguel Pérez Cimas, director de la Entidad Estatal de Seguros Agrarios (ENESA), «es necesario que el seguro agrario se adapte a la nueva realidad bajo una doble exigencia, por una parte, que haya garantías de la viabilidad futura del sistema y, por otra, que siga siendo una herramienta útil para el sector». Y ha reiterado que «el riesgo que transfiere el asegurado a cambio de la prima que paga no es infinito, y las explotaciones con riesgo creciente tendrán que tomar medidas para que el riesgo transferido a las aseguradoras sea asumible».

 

Verificación con objetividad de los daños

Los peritos agrícolas son unas figuras sin los que, como han recordado todos los ponentes, «sería imposible que la maquinaria aseguradora complete su labor». Una labor que se revela no solo económica, sino también social, porque el seguro complementa la renta del agricultor cuando hay un siniestro. Para dar voz a estos profesionales en la jornada se ha contado con José Antonio Gómez, coordinador de peritaciones de Agroseguro y con Alberto Conde, ingeniero técnico agrícola especializado en el peritaje y tasación de seguros agrarios.

Ambos han detallado las fases de trabajo de los peritos a pie de campo que, según han comentado, también incluyen empatizar con el agricultor que acaba de sufrir un siniestro, y todo ello de manera independiente y ágil. Según datos de Agroseguro, solo en 2023 los peritos del seguro agrario auditaron de media al día entre 40 y 50.000 hectáreas, un gran volumen que ha posibilitado que la recepción de las indemnizaciones haya sido de 27 días de media.

Sobre la labor de estos peritos se ha hablado ampliamente en la mesa redonda, en la que han participado todos los ponentes y Carlos Gutiérrez, presidente del Consejo de Ingenieros Agrícolas. En general, se ha lamentado que en la universidad no se aporte la formación necesaria en peritaje, algo que tienen que completar los colegios profesionales con cursos específicos. En este sentido, Novoa ha anunciado que desde Agroseguro van a impulsar la creación de un máster específico de seguros agrarios.

En la jornada también se ha destacado la necesidad de que los profesionales del peritaje estén colegiados, algo que viene marcado por ley, y que incide en la seguridad que se aporta al asegurado y al propio sistema asegurador. Al mismo tiempo, se ha recordado que los únicos profesionales que pueden ser peritos tasadores de seguros agrarios son Ingenieros Técnicos Agrícolas, Ingenieros Agrónomos y Graduados en Ingeniería Agronómica.

La jornada, inaugurada por el subsecretario de Agricultura, Pesca y Alimentación del Ministerio de Agricultura, Ernesto Abati García–Manso, ha sido clausurada por el presidente del Consejo General de Colegios de Ingenieros Técnicos Agrícolas.
https://agricolas.org 

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El proyecto ‘PROLIVE. Soluciones digitales y biotecnológicas para mitigar la crisis del cambio climático y acelerar el proceso de mejora genética en olivicultura’ se ha puesto en marcha recientemente. Se trata de una iniciativa de colaboración público-privada en la que 11 socios del ámbito de la investigación y la empresa han unido fuerzas «para aportar soluciones prácticas al manejo del olivar y el conocimiento de su genética para el desarrollo de variedades resistentes a los efectos del cambio climático».

El encuentro inicial se ha llevado a cabo en el Campus de Rabanales de la Universidad de Córdoba (UCO), donde representantes de las entidades participantes han puesto en común objetivos y líneas de trabajo. El equipo que desarrollará el proyecto se distribuye entre un consorcio académico, liderado por el grupo Ucolivo de la UCO y en el que están presentes el Instituto de Agricultura Sostenible (IAS-CSIC), la Universidad de Granada y el Supercomputing Center de Barcelona (BSC); y uno privado, al frente del cual se encuentra Todolivo y que reúne a empresas del sector agrícola (Plantas Continental, Santa Cruz Ingeniería, Indlab y Fertinyect), biotecnológico (Biotechvana) y de ciencia de datos e Inteligencia Artificial (Drimay).

El proyecto cuenta con un presupuesto superior a los 6,4 millones de euros, de los cuales 3,2 millones proceden de fondos públicos, en concreto de la convocatoria Transmisiones de la Agencia Estatal de la Investigación. En el marco de PROLIVE, el grupo Ucolivo pondrá a disposición de la iniciativa su trayectoria al servicio de la mejora genética del olivar, avanzando en la secuenciación genómica y fenotípica del material que custodia en el Banco de Germoplasma Mundial de Olivo y la digitalización de esa información. Todo ello permitirá convertir la colección de la UCO en la mejor estudiada del mundo, lo que, unido a la propuesta de su inclusión como banco de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), situará el Banco de Germoplasma en la primera línea a nivel internacional.

Entre los objetivos que se marca PROLIVE destacan, además, «iniciativas de innovación tecnológica aplicada al agro, como la secuenciación genética y el mapeo asociativo, la mejora nutricional del aceite de oliva, la creación de un gemelo digital de explotaciones de olivo o el desarrollo de sistemas de detección precoz y predicción de riesgos para enfermedades como el repilo y el emplomado a través de sensores automáticos». En el horizonte está la selección de variedades más resistentes a los efectos del cambio climático y a las enfermedades que afectan al olivo, «lo que mejorará el rendimiento de los cultivos y los hará más sostenibles, reduciendo las necesidades de riego, fertilización o uso de pesticidas».

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El Gobierno de la Región de Murcia está apostando por la digitalización del sector agrario promoviendo la instalación de sensores y redes de monitorización que ofrecen datos de los cultivos en tiempo real. Ello es posible gracias a las investigaciones que desarrolla el Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (IMIDA).

En concreto, «se están instalando tecnologías geoespaciales que permiten la captura, almacenamiento, transformación, análisis y publicación de datos agroambientales». «El objetivo es lograr una mejor producción de los cultivos, la predicción de enfermedades, la supervisión continua o la mejora de la eficiencia en la gestión del agua y de los nutrientes», ha señalado la consejera de Agua, Agricultura, Ganadería y Pesca, Sara Rubira.

La titular de Agua y Agricultura ha visitado la finca Hacienda Nueva, ubicada en Cehegín, en la que se están instalando estos sensores y ha destacado que «a través de las redes de monitorización y plataformas de teledetección, pueden capturar, almacenar y analizar datos para crear modelos predictivos que permiten anticipar decisiones para mejorar la eficiencia, predecir plagas y el aumentar la rentabilidad y sostenibilidad de la actividad agrícola». Rubira ha comentado que «el agricultor puede acceder mediante un dispositivo móvil a toda la información del cultivo como la necesidad de riego o el exceso de humedad que puede ocasionar la aparición de hongos». Además, «mediante las trampas para plagas pueden detectar qué tipo de insecto está atacando al cultivo e incluso conocer una estimación de la cantidad». Según la consejera «con las nuevas herramientas de monitorización, que utilizan datos de series temporales, el IMIDA busca modelos de aprendizaje automático para el seguimiento de cultivos en las zonas vulnerables que permitan mejorar la toma de decisiones».

 

Selecciones a partir de la uva ‘Monastrell’

El IMIDA está aplicando estas nuevas tecnologías en el mencionado proyecto en la finca Hacienda Nueva para seleccionar nuevas variedades obtenidas a partir de ‘Monastrell’, que «se adapten mejor a las condiciones de escasez de agua y altas temperaturas, propias de la zona».

El proyecto, que forma parte de uno nacional denominado ‘Mejora y selección de nuevas variedades de uva de vinificación resistentes a la sequía como medida de adaptación de la viticultura al cambio climático (BDRvine)’, ha establecido una plantación con nuevas variedades de uva de vinificación obtenidas dentro del programa de mejora del IMIDA. En esta plantación «se aplica un riego deficitario controlado, por un lado, y un cultivo en secano, por otro, para seleccionar las variedades que tengan mejor comportamiento en condiciones de secano, y ver que parámetros agronómicos y de calidad se ven afectados cuando no se riega».

Este estudio se complementa con el proyecto Algroalnext de desarrollo de una viticultura sostenible con el uso de nuevas variedades resistentes a enfermedades (oídio y mildiu) y a la escasez hídrica, para el que se lleva un control más exacto de la disponibilidad de agua de las plantas, con la instalación de sondas por parte de Odin Solution que permitirán controlar la humedad del suelo próximo a las raíces y la humedad de las hojas de las plantas bajo estudio.

En el proyecto colaboran los equipos Sistema de Información Geográfica y Teledetección (SIGyT) y el de Mejora Genética Molecular del IMIDA, y está financiado en un 60% con fondos Feder de la Unión Europea y en el 40% restante con fondos propios de la consejería.

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Autores:

M. Nadal

Grup de Recerca Vitivinicultura, Departament de Bioquímica i Biotecnologia, Facultat d’Enologia, Universitat Rovira i Virgili.

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