Pulverización: de dónde se viene y hacia dónde se va…

Conseguir un uso sostenible de los productos fitosanitarios reduciendo sus riesgos y efectos para la salud humana y el medio ambiente, y la promoción de la Gestión Integrada de Plagas y los métodos y técnicas alternativas, como los medios de control no químicos, marcan la hoja de ruta de la Comisión Europea (y también del Gobierno español, a nivel nacional), que en el año 2020 se comprometió a reducir en un 50% el empleo y el riesgo de plaguicidas químicos en la estrategia ‘De la granja a la mesa’, un elemento clave del Pacto Verde Europeo.

En este sentido, los equipos de aplicación de productos fitosanitarios juegan un papel muy importante, aunque estos han sufrido una evolución constante y considerable con el paso de los años. Al respecto, Ferran Camp Feria–Carot, ingeniero agrónomo y profesor de la Escuela Agraria de las Borges Blanques (Lleida) del Departamento de Acción Climática de la Generalitat de Catalunya, ha manifestado que «las aplicaciones de productos fitosanitarios, en general, cuando se realizan con maquinaria agrícola no responden a una receta única. Es decir, cuando efectúas una aplicación de fitosanitarios te enfrentas a distintas condiciones y la forma de actuar, la estrategia a adoptar es, en cada caso, diferente, y eso supone dificultades. Por ello, el reto de las máquinas de cara al futuro es superar estas».

Ferran Camp Feria–Carot: ‘La idea es que las máquinas pulverizadoras actúen en función de lo que tienen delante’

Según Camp, «a grandes rasgos, las máquinas actuales son de muy baja resolución». Así, en una parcela que puede ser de una, cinco o diez hectáreas (ha), «antes de iniciar el tratamiento, la máquina se regula igual para cualquiera de esas superficies por lo que tratará de la misma forma del primer al último árbol, cuando sabemos que no todos son iguales».

Otra dificultad es que su regulación es un proceso «laborioso o complejo. Esta complejidad provoca que la puesta a punto de la máquina sea una tarea a menudo pesada y poco atractiva, a la que tradicionalmente los agricultores no han dedicado el tiempo necesario».

También limita que «prácticamente el 90%, por no decir el 100%, de los tratamientos que se realizan, a nivel global, se hacen por pulverización, es decir que el producto se aplica en forma de gotas muy finas mediante unas boquillas, las cuales tienen un rango de utilización limitado». El ingeniero agrónomo ha indicado que «el hecho que desde hace años trabajemos con estas boquillas implica limitaciones pues cambiar las dosis de aplicación es complejo, y su ajuste puede afectar a cómo serán las gotas y la calidad del tratamiento realizado».

Sobre la evolución de estas máquinas, el experto ha explicado que primero funcionaban con dispositivos hidráulicos con grifos mecánicos; hace 20 o 30 años, estas válvulas o grifos ya no eran de accionamiento manual sino eléctrico. Y 10 o 15 años más tarde, se empezaron a introducir los ordenadores en los equipos de pulverización, «aunque estos no decidían, sino que simplemente actuaban sobre aquello que se quería hacer. Así, podías indicar al ordenador que aplicase 500 o 600 litros por hectárea y, si la máquina estaba bien configurada, lo hacía. Ahora estamos en un ‘impasse’». Según el experto, «en algunos cultivos como los extensivos, la tecnología con tabletas y pantallas, que ofrecen más información visual y gráfica, ya ha entrado y existe una oferta amplia y accesible. Pero en frutales o cultivos especiales, el cambio se está dando ahora».

Toma de decisiones

¿Hacia dónde se va? Ferran Camp Feria–Carot ha señalado que hay fabricantes que ya disponen de algún prototipo que toma decisiones. «La idea es que las máquinas pulverizadoras actúen en función de lo que tienen delante. Y aquí entraríamos en el concepto de agricultura de precisión. Es decir, delante de mí tengo un cultivo que tiene una gran variabilidad y en función de esta actúo en consecuencia. Así, si tengo un árbol que es grande aplico una mayor cantidad de producto y si es pequeño, menos», ha declarado.

Lo paradigmático para este ingeniero agrónomo es que cada vez se utilizan más sensores y más tecnología para que las máquinas den mayor información, tomen decisiones, «pero todavía todo se fundamenta en el método clásico de aplicar fitosanitarios mediante gotas. Al final del circuito, hay una boquilla. En este sentido, también hay una evolución, que sobre todo se está desarrollando en cultivos extensivos, y consiste en hacer dispositivos de pulverización que permitan trabajar con caudales diferentes sin modificar la medida de las gotas». Y ha subrayado que «se trata de buscar un sistema que permita grandes variaciones de caudal y de dosis sin tener que modificar nada, o que eso se pueda hacer de forma automática».

Sobre otras tecnologías que pueden utilizarse, Camp ha hablado de los drones, aunque «actualmente su aplicación en el ámbito de fitosanitarios es principalmente para adquirir información de las parcelas que permita tomar las mejores decisiones, pero no para ejecutar tratamientos. El uso de drones se considera una aplicación aérea, como si fuese una avioneta, y está muy restringido y regulado». Los tratamientos aéreos con drones actualmente se plantean como un método alternativo, en zonas de difícil acceso para la maquinaria con el propósito de hacer intervenciones localizadas, «podríamos decir de forma quirúrgica». «La idea del dron para la realización de tratamientos generales o masivos es más futurista, pues requeriría de drones de altísima capacidad o ser realizada mediante una flota de drones pequeños que puedan actuar de forma coordinada», ha indicado. En el caso de los frutales «una de las aplicaciones con drones sería para el pulgón, que muchas veces se distribuye en rodales». De todas formas, «el problema del dron es su bajo nivel de autonomía, tanto en capacidad como en tiempo de vuelo».

Por último, ha comentado que «la aplicación de fitosanitarios es un poco controvertida, cada vez hay menos productos registrados e incluso se habla de que el futuro de los fitosanitarios pasa porque desaparezcan. Actualmente, los productos fitosanitarios todavía se consideran necesarios pero su viabilidad está sujeta a un buen uso desde el punto de vista de la maquinaria». Así, para que no caigan de la lista hay que lograr mediante la maquinaria que «su impacto sea menor. De esta manera, se pondrá más valor al beneficio que al perjuicio. Eso puede permitir que el producto tenga una vida más larga».

Entre el 15 y el 30% de ahorro

También hemos contactado con Emilio Gil, catedrático del Departamento de Ingeniería Agroalimentaria y Biotecnología de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y, asimismo, presidente del jurado del Concurso de Novedades Técnicas de la FIMA de Zaragoza, quien ha explicado que los equipos de pulverización han cambiado mucho, «y la tecnología y la digitalización van entrando, poco a poco, también en este sector». Pero, «una cuestión importante y clave, además del equipo en sí, es quién lo usa y cómo lo usa».

Gil ha manifestado que el marco de todo ello es Europa, el Green Deal y la estrategia ‘Del Campo a la Mesa’. Así, ha señalado que «Bruselas dice que hay que reducir el 50% el uso de productos fitosanitarios; no es una tarea fácil, pero se puede conseguir. Empezando por la base, en que el usuario dedique un tiempo a su equipo y en calibrarlo. Por ese motivo, las inspecciones son fundamentales».

Otro aspecto importante es la digitalización y la variabilidad intraparcelaria. Al respecto, ha indicado que «estamos trabajando en varios proyectos en marcha en Bodegas Torres, Viñas del Vero, Martín Codax, Codorníu o Viñas las Copas, que han usado lo que nosotros proponemos; es decir, ¿somos capaces de ver la diferencia que existe en una parcela de viña, en una zona donde hay más vegetación que en otra donde hay menos, y aplicar en consecuencia? La respuesta es sí, en colaboración con empresas que han desarrollado ‘hardware’, que ya está en el mercado, y con nuestro conocimiento, el de los agrónomos puesto que las máquinas no son inteligentes, hemos obtenido valores entre el 15 y el 30% de ahorro de producto, en línea con la estrategia europea marcada».

Emilio Gil: ‘Una cuestión importante y clave, además del equipo en sí, es quién lo usa y cómo lo usa’

Para conseguir este ahorro «se ha precisado tecnología, transferencia y formación». Y todo ello gracias a la apuesta de las empresas por la sostenibilidad. A este respecto, Gil ha valorado la apuesta de estas «por arriesgarse, porque siempre es un riesgo y hay que poner dinero, a probar algo que unos ‘locos’ de la universidad hacen. Cuando funciona, el objetivo es que toda esta información se pueda trasladar al sector de una manera más amplia».

En este sentido, ha apuntado que el 67% de la agricultura europea depende de pequeñas y medianas explotaciones. Por ello, «hemos de ser capaces que los pequeños y medianos agricultores adopten las nuevas tecnologías, pero hacen falta dos cosas: que los precios sean competitivos y la formación del usuario y el relevo generacional. Es difícil que mi generación, la de los años sesenta, se ponga a bajar de Internet una imagen de un satélite, de un dron, etc. Por eso hemos de poder convencer a una persona de 25 años que este sector tiene el mismo potencial que otro y, además, garantizarle que tendrá los mismos recursos, esta es la vía».

Centrándose en la pulverización, el catedrático universitario ha subrayado que, desde el punto de vista comercial, la oferta de boquillas es amplia. «El problema, sobre todo, está en la expresión de la dosis». Por ejemplo, «cuando en la etiqueta de un producto fitosanitario me indica que aplique dos litros por hectárea en una viña, mi primera pregunta es ¿una hectárea dónde? En la Borgoña, en la Mancha o en el Somontano, porque mi objetivo no son los 10.000 m2 de superficie sino la vegetación, y esta es totalmente distinta dependiendo de la zona. Ese es el principal problema». También influye, según él, el precio de la boquilla. «Una normal vale 5 o 6 euros por lo que el agricultor es reacio a cambiarla, pero un simple cambio de boquilla que sea adecuada a cada situación permite un ahorro de un 10% de producto. Lo de las boquillas es un tema especialmente curioso». Aunque eso se debe «a una falta de formación, pero sobre todo de información. No culpo al agricultor porque he dado miles de cursos y cuando le dices hazlo como tú lo haces, pero ahora permíteme que pongo estas boquillas para ver cómo funcionan, no hay problema. Por ello, la figura del asesor es fundamental».

Sobre los equipos de pulverización Emilio Gil ha explicado que han cambiado mucho en los últimos 20–30 años, pero también lo ha hecho la agricultura, sobre todo la fruticultura y la viticultura. «Y ha variado a mejor. El primer responsable y, a la vez, el primer preocupado por la sostenibilidad y el medio ambiente es el agricultor, aunque a veces cargamos las tintas contra él. Es un Talibán en la preservación de su medio de vida y el de las generaciones posteriores».

Coincidiendo con Ferran Camp Feria–Carot, Gil ha señalado que se va hacia una pulverización de precisión en viticultura y fruticultura, «tratar una hectárea de cebada es un juego de niños, pero hacerlo en manzano o viña es más complejo, aunque ha ido mejorando».

«Ahora tenemos la tecnología que nos permite identificar, en las diferentes zonas de la parcela, el distinto vigor, y los sensores que van embarcados en la máquina para hacer una aplicación».

Otra alternativa es el uso de los satélites. Emilio Gil lo tiene claro, «todo el mundo habla de satélites, pero vamos a utilizarlos de una vez. Bajemos la información, trabajémosla y demos recomendaciones a los agricultores. Tenemos que hacer que eso sea popular, que mi amigo agricultor sea capaz de entrar en una determinada página web y le dé a un botón, baje la imagen y sepa qué hacer con ella. Todavía falta, pero hemos dado pasos importantes».

En relación a la reducción/eliminación de productos fitosanitarios, por parte de la Unión Europea, ha señalado que «como dijo una europarlamentaria en la presentación del proyecto Innoseta en Bruselas, lo de la estrategia ‘Del campo a la mesa’ está bien, pero al agricultor hay que darle ayudas y no me refiero solo a las económicas. Si se tiene que reducir un 50% el uso de fitosanitarios, igual con un sistema de formación adecuado y unas garantías de que esos productos se van a respetar comercialmente hablando, puede bastar».

En definitiva, «un mal uso lleva a producir mucha deriva. La idea no es quitarle a la planta lo que requiere, sino aportarle lo que necesita».

Aplicación eficiente con drones

Como ha quedado claro, la aplicación de productos fitosanitarios de una manera eficiente y que minimice su impacto ambiental es una de las principales preocupaciones de todos los agentes implicados. Por ello, se han puesto en marcha diversos proyectos y grupos operativos para contribuir a cumplir con los objetivos del Pacto Verde Europeo. Uno de estos, es el PhytoDron (https://gophytodron.es/), iniciado en marzo del 2021 y que finalizará en marzo del 2023, con el que se quieren generar datos y conocimiento sobre el uso de los drones como una herramienta segura para aplicar productos fitosanitarios en viña, olivo y en el ámbito agroforestal, y avanzar en el marco que regula su uso, en el cual participa el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA).

Según Luis Asín, jefe del programa de Fruticultura del IRTA, «se ha demostrado que los drones son más adecuados que otros medios para aplicar productos químicos en parcelas pequeñas, zonas de difícil acceso para algunos vehículos o terrenos montañosos». A pesar de ello, para efectuar un buen tratamiento, hace falta «conocer mejor su efectividad, estudiar los diferentes métodos de aplicación, los efectos del viento y la velocidad del vehículo, así como evaluar la deriva asociada». Con este fin, en el marco del proyecto, se ha llevado a cabo un estudio de aplicaciones en dron en unos campos ubicados en Raimat (Lleida) con el que se espera, entre otros, «generar suficiente conocimiento para que la aplicación de estos productos con tecnología dron pueda dejar de considerarse un tratamiento aéreo y pase a ser considerada como un tratamiento terrestre».

La tecnología dron puede ser una buena herramienta para aplicar de forma eficiente los productos fitosanitarios

En PhytoDron participan, además del IRTA, otros dos centros de investigación, Neiker y el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA–CSIC); tres empresas –BASF, Syngenta y Corteva Agriscience–; dos universidades –la de Sevilla y la Politécnica de Madrid–; tres asociaciones de agricultores –DeCoop, Baskegur y la Plataforma Tecnológica del Vino (PTV)–, una asociación empresarial –la Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas (AEPLA)–, el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos del Centro y Canarias y el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST).

Sistema de teledetección para controlar enfermedades

Por su parte, AINIA ha desarrollado dentro del proyecto CERES, impulsado por IVACE, un sistema de teledetección compacto para controlar enfermedades de cultivos en explotaciones agrícolas. Esta tecnología permite, en tiempo real, detectar, evaluar y diagnosticar enfermedades, plagas y daños en los árboles, para una mejor gestión de los cultivos. Este dispositivo está compuesto por tecnologías fotónicas e Inteligencia Artificial (IA) que permiten la caracterización de los cultivos mediante la combinación de robótica móvil (drones y AGV), fotónica (cámaras hiperespectrales, termografía y LIDAR) y software de análisis basado en IA.

El técnico del departamento de Tecnologías de automatización de procesos y sensores Espectrales de AINIA, Edgar Llop, ha indicado que «las tecnologías hiperespectrales captan información química de los cultivos que nos permiten hacer diagnósticos sobre la salud de las plantas y sus necesidades de nutrientes o la detección de plagas y enfermedades; y con la tecnología LIDAR (tecnología láser) obtenemos imágenes 3D para segmentar los árboles y calcular su distribución volumétrica para, por ejemplo, la correcta aplicación de fitosanitarios. La información obtenida se procesa a través de algoritmos de inteligencia artificial para extraer conclusiones que ayudan a tomar las decisiones más acertadas para la gestión de los cultivos».

La unidad desarrollada puede instalarse en la maquinaria agrícola, lo que permite el diagnóstico en tiempo real. Al respecto, Llop ha resaltado que «podemos integrar esta tecnología, por ejemplo, en un tractor, desde donde este dispositivo capta la información tanto física como química de los cultivos, la procesamos mediante algoritmos de inteligencia artificial, y le da la orden al equipo de aplicación de cuál es la dosis justa de fitosanitario que debe aplicar a cada uno de los árboles».

Marco de gestión integral de plagas

El proyecto europeo OPTIMA (https://optima–h2020.eu/es/16219–2/) ha desarrollado un marco de gestión integral de plagas (GIP) que incluye modelos de predicción y detección precoz de plagas y enfermedades, técnicas de pulverización de precisión, así como el uso de nuevos bio–plaguicidas. Esta localización y cuantificación de la infección permite determinar tanto el volumen de caldo óptimo como el momento idóneo para la aplicación.

Liderado por la Universidad de Agricultura de Atenas (Grecia), ha reunido a centros de investigación agronómica como la Unidad de Mecanización Agraria de la Universitat Politècnica de Catalunya, así como otros institutos científicos y universidades de diversos países europeos como la Universidad de Coimbra (Portugal), el Instituto Nacional de Investigación de Ciencias y Tecnologías para el Medioambiente y la Agricultura (Francia), Universidad de Turín (Italia) y el Centro de Investigación de Wageningen (Países Bajos), entre otros, además de empresas como Pulverizadores Fede.

Según han indicado sus promotores, OPTIMA ha desarrollado un modelo de predicción de patologías en viña y manzanos basado en un sistema de detección temprana el cual, tras la captura y análisis de imágenes, procesa la información. La facilidad de integración de esta tecnología de detección temprana con la gama de productos y servicios de Pulverizadores Fede permite la descarga de la información de plagas y enfermedades en el OPTIMA Smart Sprayer. Esta descarga se realiza en forma de mapas de aplicación variables a través de la Specialty Crops Platform (https://fede.specialtycropsplatform.com/). Los mapas de aplicación se traducen en órdenes de trabajo que se ejecutan directamente en el OPTIMA Smart Sprayer, «el cual realiza el tratamiento de precisión en las zonas delimitadas».

Los ensayos se realizaron en plantaciones de manzanos en Épila (Zaragoza), que concentra el 11% de la producción de manzana a nivel nacional. Durante las pruebas «se confirmó que el OPTIMA Smart Sprayer es capaz de realizar un tratamiento variable de forma automática, con apertura y cierre de boquillas y adaptación de la aplicación en función al grado de afectación y la masa vegetal del cultivo, deteniendo la pulverización en zonas que no están afectadas».

Pulverización inteligente

Otro de los proyectos es el PIVOS (Pulverización inteligente para un viñedo y olivar sostenibles) que tiene como objetivo general «demostrar los beneficios de la aplicación ‘inteligente’ de productos fitosanitarios en viña y olivo, manteniendo la eficacia biológica y reduciendo los costes económicos y medioambientales». Los resultados promoverán la implementación de las buenas prácticas a través del uso de nuevas tecnologías para la adquisición, procesado y comunicación de datos. Su periodo de ejecución abarca del 1/06/2020 hasta el 31/05/2023.

Los objetivos específicos son: establecimiento de un procedimiento más adecuado para la caracterización de la vegetación de manera inteligente (sensores terrestres y aéreos) en los cultivos de viña y olivo; desarrollo de protocolos estándar para la obtención de mapas de prescripción de volumen de aplicación y de volumen de aire; ajuste automático de los pulverizadores teniendo en cuenta estos mapas; validación en campo de los sistemas ‘inteligentes’ de aplicación variable de fitosanitarios, y valoración de los beneficios agronómicos, económicos y medioambientales del uso de los sistemas de aplicación variable.

El consorcio para la ejecución del proyecto está compuesto por cuatro de las universidades españolas que más destacan en el ámbito de la aplicación de fitosanitarios: Unidad de Mecanización Agraria (UMA) de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), que coordina el proyecto; el Grupo de Investigación Mecanización y Tecnología Rural de la E.T.S.I. Agronómica y de Montes de la Universidad de Córdoba (UCO); el grupo de investigación Mecanización y Tecnología Agraria (MTA) de la Universitat Politècnica de Valencia (UPV) y, finalmente, el Laboratorio de Maquinaria Agrícola de la Universidad de Zaragoza.

Emilio Gil ha explicado que «presentamos las cuentas de mitad de proyecto hace unos meses y estamos en línea con los objetivos marcados por lo que esperamos llegar al final del proyecto teniendo una plataforma global en la que el olivicultor o el viticultor, en función de su equipo, pueda hacer una aplicación variable y disponga de datos de cómo utilizarlo desde el punto de vista del aire para reducir la deriva. Pero es un proyecto de investigación y después será necesaria una importante labor de transferencia».

Por su parte, Gregorio Blanco Roldán, profesor titular en la Universidad de Córdoba (UCO), ha manifestado que «una parte era la obtención de mapas de volumen de árboles, que se están procesando y obteniendo, y después dos atomizadores, uno para viña y otro para olivar, que interpretarán esos mapas para hacer tratamientos variables en función de los mismos».

Oferta a la carta

En la última edición de FIMA, hemos coincidió con Saher, empresa que lleva más de 50 años especializada en maquinaria agrícola y pulverización. La responsable de Exportación y Marketing, Maribel Ferrer, ha comentado que «hemos realizado una fuerte inversión, el desarrollo de dos depósitos nuevos, para cubrir las necesidades que nuestros clientes nos exigen: uno de 2.000 litros para cultivos bajos (espaldera, cítricos, etc.) que necesitan una altura máxima de 1,40 m. Y otro de capacidad intermedia de unos 2.500 litros para el agricultor que necesita algo más de 2.000, pero que no se atreve con una de 3.000, ya que estamos hablando de grandes dimensiones y un requerimiento más grande de tractor».

Eso en cuanto a inversión de desarrollo de depósitos. Además, «hemos sido premiados como innovación con un atomizador muy específico para el mercado francés con doble ventilador con aspiración inversa y un grupo alto para cubrir frutales, sobre todo. Y un pulverizador remolcado con enganche a coche de 800 litros de capacidad y, finalmente, nuestra estrella que es un nebulizador con paneles recuperadores de producto, que estamos desarrollando, ya que es un prototipo que no está acabado todavía», ha apuntado Ferrer.

Sobre este último nebulizador nos ha explicado más detalles Salvador Galimany, responsable de la oficina técnica de Saher. Al respecto, ha señalado que «esta máquina busca reducir la deriva, que todo el producto que pulverizamos y que no queda en la propia planta se recupere mediante una bomba independiente que lo devuelve al tanque principal debidamente filtrado, y se pueda reutilizar para volver a pulverizar. Con todo esto se persigue, básicamente, que el agricultor reduzca costes, y mejorar el tema medioambiental».

Galimany ha indicado que «de la misma forma que está cambiando el agricultor medio, está surgiendo gente más joven, con más voluntad de avanzar en las nuevas tecnologías y hemos de adaptar nuestra maquinaria para este nuevo cliente manteniendo nuestros estándares». Se trata de máquinas que «llevan unos ordenadores que permiten controlar exactamente el producto que se está pulverizando en cada momento; llevar un control en cada punto del campo, lo que se ha aplicado ese día, a qué hora, quién lo ha hecho, etc. En definitiva, tener una trazabilidad completa».

Tradicionalmente, para reducir la deriva se han adquirido máquinas o grupos de aire adecuados al cultivo a tratar. «Para viña en espaldera se utilizan grupos como el Vortex Viña, para árboles como manzanos el Géminis; y para llevarlo al extremo además de adaptar el flujo de aire a la planta para que no haya pérdidas le ponemos unos paneles recuperadores para que el líquido que inevitablemente traspasa el árbol o la cepa no se pierda», ha comentado el responsable de la oficina técnica de la compañía.

Por último, ha puntualizado que el «mundo de la pulverización ha evolucionado mucho. El agricultor pide cosas diferentes, las directivas y normativas exigen mejorar en muchos aspectos, especialmente de ecología, y nuestra obligación es satisfacer todos estos puntos».

Tecnología H3O

El responsable de Marketing de Pulverizadores Fede, Iván López, ha explicado que disponen de pulverizadores tradicionales para cultivos especiales o de alto valor (fruta dulce y de pepita, olivar, viña, almendro, cítricos, etc.) con los que han trabajado para un tratamiento eficaz y sostenible, que incluye la reducción de consumo de gasoil y de emisiones de CO2. Pero, López ha querido destacar por encima del resto que la empresa se ha centrado en la I+D+i desarrollando la tecnología H3O en el proyecto europeo H2020, que ha dado lugar al Smartomizer Futur, «un atomizador inteligente y conectado a Internet. Así, desde su ordenador, el técnico puede enviar las órdenes de trabajo directamente al atomizador. El equipo se regula con los parámetros indicados y el operario puede visualizar el tratamiento a tiempo real en una interfaz, recibiendo avisos en caso de error para poder solucionarlo en el momento. Una vez finalizado el tratamiento, todos los datos quedan registrados y digitalizados». Para añadir que «H3O ofrece trazabilidad precisa de los tratamientos, lo que ha impulsado los estándares de la seguridad alimentaria. Asimismo, gracias a la información detallada permite a las empresas agrícolas tomar mejores decisiones agronómicas y empresariales».

En definitiva, según ha expuesto el responsable de Marketing de Pulverizadores Fede, «se consigue producir más con menos recursos en la línea que marca la Comisión Europea».

Una ventaja que tiene la tecnología H3O «es que ya está en el mercado». Se está aplicando en España y también se hará en otras partes del mundo mediante pulverizadores de Kubota, marca que adquirió Pulverizadores Fede el año pasado. «En el apartado de cultivos especiales a las empresas pequeñas nos hace falta músculo para poder aplicar tecnologías como esta. Y la integración en Kubota nos da ese músculo», ha afirmado López. Asimismo, «en la tecnología H3O el atomizador tiene un sistema para regularizar el aire que transporta las gotas de fitosanitario al árbol. Unas hélices regulan este aire, con lo que se reduce la cantidad de deriva. Disponemos de datos del IVIA y de la UMA–UPC en los que se pone de relieve que esta reducción de la deriva es del 50% y la disminución del uso de pesticidas es de un 25%». Además, el Smartomizer Futur H3O reduce en 4 l/h el consumo de combustible.

Otro proyecto que está desarrollando la compañía es el LIFE–F3 (LIFE Farm, Fresh Fruit ENV/ES/000349), con el que se demuestra la reducción del impacto medioambiental de los tratamientos fitosanitarios realizados con la tecnología H3O. Al mismo tiempo, se efectua una importante transferencia de la información para capacitar a los profesionales del campo en el uso de sus máquinas y las diferentes herramientas digitales de gestión agronómica.

Redacción.

Publicado en Revista de Fruticultura nº88

 

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