La compra de fruta se vuelve ecológica y de proximidad

 
El confinamiento por la pandemia de la Covid–19 ha obligado al consumidor a reinventar su forma de comprar. Valores como la proximidad, lo ecológico y la responsabilidad se han colado en la cesta de compra, lo que ha derivado en la irrupción de supermercados cooperativos o, en su defecto, que los habituales presenten sus productos bajo estas premisas. En este contexto, la adquisición de fruta no es una excepción. Al contrario: desde marzo, se venden más frutas y hortalizas y menos carne y procesados. El mayor consumo de frutas y verduras lleva aparejada una caída del desperdicio alimentario en los últimos meses.

Estas son algunas de las conclusiones del estudio sobre el impacto de la Covid–19 en los hábitos alimentarios, que ha presentado el Departamento de Agricultura de la Generalitat de Catalunya, y que ha elaborado el Centro de Investigación en Economía y Desarrollo Agroalimentario (CREDA)–UPC–IRTA. Pese a que la tipología de la dieta se ha mantenido estable, en el apartado de frutas y verduras, el informe ha detectado un incremento del 19%.

Durante la presentación de los datos, la consellera de Agricultura, Teresa Jordà, aseguró que «los cambios en las formas de compra, consumo, dieta y desperdicio de alimentos como consecuencia de la crisis sanitaria han venido para quedarse». Para llevar a cabo el estudio, se han realizado 1.200 encuestas entre los meses de mayo y junio, de las que 500 han sido en Cataluña y 700 en el resto del Estado. El coronavirus ha comportado un descenso del 17% en el desperdicio de frutas y verduras, lo que supone un primer avance en el cumplimiento de la ley del derroche alimentario, aprobada por el Parlamento catalán a principios de año.

Nuevos hábitos de consumo

Desde el otro lado de la cadena alimentaria, la empresa valencia ADM Biopolis, dedicada a la provisión de tecnologías microbianas y al desarrollo de microorganismos para fines industriales vinculados con la mejora de la salud, constata esos nuevos hábitos. En un estudio reciente, la vicepresidenta de marketing de ADM, Ana Ferrell, concluye que «las actitudes, prioridades y comportamientos de los consumidores están sufriendo cambios significativos». Para ejemplificarlo, detalla seis nuevos hábitos.

El primero es el interés en la salud intestinal y sistema inmunitario. El 57% de los consumidores admite estar más preocupado por su inmunidad. Por eso, está aumentado la popularidad de los productos con probióticos y prebióticos. El segundo es la constatación de que, en países como EE. UU., el movimiento vegetal ya ha superado al mercado generalista. El tercer cambio es la preocupación por el control del peso y la salud metabólica, derivada del sedentarismo forzado por el confinamiento. En cuarto lugar, se sitúa el equilibrio entre la nutrición y el bienestar emocional. Así, ADM augura una oportunidad comercial para alimentos ricos en nutrientes, fibras y beneficios funcionales para la salud. Fruto de esta visión, aparece el quinto factor. Un 31% de los consumidores ya está comprando más productos relacionados con el bienestar general. Por último, la preocupación por la situación económica ha llevado a un comportamiento doble: más marca blanca en artículos de despensa y producto fresco, de proximidad y ecológico en frutas, verduras e incluso proteínas.

Comprar alimentos saludables y de origen local ha sido una de las tendencias heredadas del confinamiento. De hecho, las estimaciones de la consultora Fooduristic muestran un crecimiento de más del 80% del comercio on–line. Las ventas de los productos de proximidad se han duplicado y esta circunstancia ha propiciado la aparición de plataformas de e–commerce, en las que se agrupan productores para facilitar la distribución. Ante esta realidad, Fooduristic vaticina «una reducción de los intermediarios que favorecerá al agricultor y disminuirá el precio de los productos locales, aumentando la calidad de compra para los consumidores».

Más demanda de fruta ecológica

En su último análisis, el Consejo Catalán de la Producción Agraria Ecológica (CCPAE) destaca el incremento de las hectáreas cultivadas de fruta (12%), lo que supone una superficie de más de 1.500 hectáreas y la venta de un 66% de la cosecha a otros países de la Unión Europea (UE). El diagnóstico, en tiempos de Covid, es que «la demanda en las secciones alimentación, fruta y verdura y alimentación refrigerada ha experimentado un crecimiento muy importante». La traducción se concreta en un verdadero boom de ventas en los productos frescos y en los superalimentos.

El contexto global lo han aprovechado las empresas que venden fruta y verdura por internet. En líneas generales, sus responsables admiten que se ha doblado la facturación, han tenido que ampliar plantillas para atender las peticiones y que, en muchas ocasiones, han fidelizado algunos clientes. Algunas iniciativas surgidas en estos meses han sido la de la catalana La Tavella, que se ha especializado en la entrega de cestas de fruta y verdura. Trabaja con personas con discapacidad psíquica y reparte por Barcelona y su área metropolitana con envíos gratis a partir de 59 euros. Un caso similar es el de Disfruta y Verdura, una plataforma que ya existía antes de la crisis sanitaria, pero que desde entonces ha aumentado sus ventas por encima del 80%. Uno de sus responsables de huerto, Ernest Mas, explica que su modelo, basado en los pedidos a Barcelona y Madrid en un plazo de dos a tres horas, ha funcionado porque «los clientes han encontrado una alternativa en un momento en que nos decían que no saliéramos demasiado a la calle».

La fiebre por la fruta saludable y de proximidad también ha llegado a las grandes superficies del sector de la distribución. En la jornada ‘Los productos frescos tras el Covid–19 y el reto de la innovación’, organizada por AECOC y patrocinada por Fruit Logistica, la directora de Frescos de Consum, Lourdes Bruguera, señaló un crecimiento paulatino en frutas y verduras, que «ahora debemos mantener sin olvidarnos de la proximidad y la sostenibilidad». En la misma línea, el director de Frescos de Plusfresc, Carles Pueyo, confirmó la percepción, asegurando que «la categoría que mejor evolución ha tenido, especialmente en el primer confinamiento, fueron las frutas y verduras».

Biológica, sostenible y local

Una vez superada la fase de reclusión domiciliaria, el consejo del director de la Unidad de Frescos de Aldi, Víctor Asensio, plantea la necesidad de mirar hacia atrás. «Debemos seguir practicando lo que hacíamos antes de la Covid: fruta biológica, sostenible y de producción local».

Como consecuencia del incremento de la demanda, Plusfresc se ha visto obligada a renovar su sistema de preparación de pedidos por internet con el objetivo de hacerlo más ágil. Así, ha ampliado su superficie en 150 m², lo que ha permitido incrementar la calidad del proceso. El nuevo sistema permite que se pueda llevar a cabo más de un pedido a la vez y gestionar los productos de peso variable de la misma forma que los unitarios.

La ola de proteccionismo alimentario, que impulsa la compra de alimentos de proximidad, ya ha sido estudiada por Asedas, la patronal de la distribución, que engloba a cadenas como Mercadona, Dia o Condis. Su director general, Ignacio García Magarzo, observa «una tendencia a ofrecer productos de cercanía porque el consumidor los demanda y valora, situación que antes solo se daba en los supermercados locales». Asedas, igual que afirmó en la primera ola del coronavirus, garantiza el suministro de alimentos y enumera cinco claves del consumo en los últimos tiempos: seguridad, logística, proximidad digital, compromiso social y medioambiental.

Supermercados de proximidad

Los establecimientos que ya antes trataban de ofrecer productos de proximidad han incrementado su apuesta durante este año. En el caso de Caprabo, un 76% de los alimentos frescos que comercializa lo son. Hasta el primer semestre, las ventas de fruta local se han disparado un 93%. El responsable de Proximidad de Caprabo, Fernando Tercero, apunta que «nuestros clientes se decantan claramente por la producción de proximidad, una propuesta de calidad y valor añadido». Un ejemplo lo avala la temporada de cereza, que esta campaña se ha cerrado con un volumen un 65% superior al del año pasado. Caprabo trabaja con productores y proveedores de la Ribera d’Ebre (Tarragona) y de Alcarràs (Lleida).

Desde el año pasado, la cadena de supermercados catalana Bon Preu avanzó en su estrategia por la sostenibilidad y decidió comercializar todos los productos de fruta y verdura de proximidad que ofrece a los clientes a través la Producción Integrada (PI). De hecho, todos los supermercados coinciden en señalar que los productos frescos, especialmente fruta y carne, son uno de los elementos que les permiten aumentar la facturación y captar y fidelizar a los clientes. Los frescos suponen la mitad de los ingresos, mientras que las frutas y verduras representan un 20% aproximadamente.

El consumidor se mueve entre dos escenarios. Por un lado, el que se enfoca al precio, que acaba comprando en supermercados de ámbito estatal, que presentan menos oferta. Por otro, el que busca variedad y especialización acude a las tiendas de barrio especializadas o a las cadenas de hipermercados, pero de proximidad. La Covid–19 ha entremezclado y diluido estas fronteras por el comportamiento del comprador y también por la oferta de los establecimientos.

El único proceso que no ha cambiado el coronavirus son las denuncias de especulación con el precio de la fruta. Los agricultores advierten de encarecimientos del 12% durante este año, sirviéndose de datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La crisis de mano de obra de los temporeros, las restricciones a la movilidad, el aumento de los costes de producción y la subida del petróleo son algunas de las causas. Una vez más, la asignatura pendiente es integrar y vincular el buen momento que vive la fruta de proximidad con las cotizaciones que perciben los payeses, los encargados de cultivarla.

David Rodríguez.

Publicado en Revista de Fruticultura nº78

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