La UE impulsa la lucha biológica en enfermedades de frutales con el proyecto BIOCOMES

La UE impulsa la lucha biológica en enfermedades de frutales con el proyecto BIOCOMES

13 empresas y 14 centros de investigación de 14 países diferentes, trabajan en el manejo integrado de plagas y enfermedades.

 

Trece empresas europeas y catorce centros de investigación de catorce países, entre ellos el IRTA, participan en el nuevo proyecto BIOCOMES (Biological control manufacturers in Europe develop novel biological control products to support the implementation of Integrated Pest Management in agriculture and foresty), una iniciativa con la que la Unión Europea pretende estimular el desarrollo de productos biológicos en frutas y hortalizas.

Con BIOCOMES, la Unión Europea pretende desarrollar 11 nuevos productos biológicos para el control de plagas y enfermedades claves en cultivos importantes agrícolas y forestales, como es el oídio en cereales, la podredumbre marrón causada por Monilinia en fruta de hueso, Tuta absoluta en tomate, Lymantria y el gorgojo del pino entre otros, según la investigadora del grupo de Patología de poscosecha del IRTA Neus Teixidó, coordinadora del trabajo de desarrollo de agentes de control biológico contra Monilinia.

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Podredumbre causada por Monilinia en melocotón

 

«BIOCOMES aglutina a 13 empresas y 14 centros de investigación de 14 países diferentes, trabajamos de forma conjunta para desarrollar herramientas y dar soluciones nuevas para el manejo integrado de plagas y enfermedades en Europa», remarca Neus Teixidó para quien esta iniciativa se diferencia de otras, entre otros aspectos, en el hecho de que surge a petición del sector y tiene una rápida aplicación, razón por la que se ha implicado un gran número de empresas.

En este proyecto Teixidó lidera el equipo de investigación del IRTA en el que trabajan Maribel Abadias, Josep Usall y Charo Torres que pretende desarrollar dos productos para el control de Monilinia en fruta de hueso.

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De izq a dcha Maribel Abadias, Josep Usall, Neus Teixidó y Charo Torres

 

«Acabamos de empezar, llevamos desde el 1 de diciembre de 2013 y tenemos cuatro años para desarrollar agentes de biocontrol, para definir estrategias basades en estos productos y aplicarlas dos años como mínimo en condiciones comerciales», explica Teixidó. «Estas estrategias biológicas serán aplicadas en diferentes países de Europa productores de fruta de hueso para poder demostrar y comprobar así su aplicabilidad», agrega.

«En todo el proyecto BIOCOMES se van a desarrollar once agentes de biocontrol que pueden ser parasitoides, nemátodos entomopatogénicos, virus, bacterias y hongos para controlar diferentes plagas y enfermedades. El objetivo es que en noviembre de 2017, cuando finalice, la mayoría estén preparados para poderse registrar» añade Teixidó.

Coordinado por Jürgen Kohl (DLO Stichting Dienst Landbouwkunding Onderzoek–Universidad de Wageningen–Netherlands) y con una financiación de la UE de prácticamente nueve millones los 12 de presupuesto, BIOCOMES cuenta con empresas de varias ramas. Participan, entre otras, firmas productoras de microorganismos, una consultoría para asesorar a investigadores sobre los procesos de registros y una compañía especializada en el impacto en el medio ambiente de los nuevos agentes.

Teixidó precisa que no todos los productos comienzan en la misma fase, algunos se tienen que aislar y empezar de cero, y otros, como los encargados al IRTA, son microorganismos que ya se ha demostrado que son efectivos y en los que ahora se tiene que avanzar en el proceso de formulación y en el desarrollo de la estrategia de aplicación en el campo.

En el grupo que coordina Teixidó participan siete socios además del IRTA. Se trata de los centros de investigación Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) de Madrid, Universidad de Graz de Austria y el centro Pcfruit de Bélgica y cuatro empresas. Una de ellas es la leridana OpenNatur que desarrolla y distribuye feromonas de insectos, trampas y otros productos fitosanitarios (parasitoides, depredadores y patógenos) para varias plagas agrícolas y forestales.

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Reunion Biocomes Europa

 

También forman el equipo la alemana Bayer CropScience Biológicos GmbH (antes Prophyta), Biogard, encargada de los ensayos en Italia, y E–nema, especialista en productos fitosanitarios biológicos sobre la base de nemátodos entomopatógenos y microorganismos.

El grupo trabaja en dos microorganismos, uno es un hongo (Penicillium frequentans) que pertenece al INIA de cuya formulación se encargará Bayer CropScience Biológicos GmbH y otro microorganismo aislado por el IRTA, un Bacilus subtilis, una bacteria en cuyo escalado colaborará la empresa E–nema.

 

Falta tradición de lucha biológica en frutales

Modesto del Pino, responsable del departamento de I+D+i de OpenNatur, sostiene que a diferencia de lo que ocurre en el sector hortícola, el empleo de técnicas de control biológico de plagas no es habitual en frutales de hueso y pepita, pero con la entrada en vigor de la normativa europea para el uso sostenible de productos fitosanitarios comienza a ser una exigencia debido a que Bruselas pretende que el uso de productos fitosanitarios se realice sólo como último recurso.

«Por lo que yo he podido captar del sector frutícola de la zona de Lleida, el control de plagas y enfermedades se basa casi exclusivamente en el uso de productos fitosanitarios. Creo que el control biológico no ha tomado su importancia porque hasta la fecha el consumidor y las cadenas de distribución no lo han exigido», afirma.

Del Pino sostiene que en el caso de Almería —la provincia de la que procede este doctor ingeniero agrónomo especialista en control biológico de plagas en cultivos hortícolas, frutales y zonas verdes— fue al contrario. «En Almería tuvimos en 2006 y 2007 unos problemas muy importantes de residuos de fitosanitarios en pimiento que crearon una gran alarma social y económica. Se cerraron los mercados y ante ello el sector hortofrutícola, que en Almería destaca por ser muy profesional, buscó de forma inmediata un mecanismo de control alternativo al uso de fitosanitarios».

El investigador reconoce que el control biológico funcionó bastante bien porque existía una base científica y técnica importante: «La Junta de Andalucía y otras entidades privadas, entre las que se encuentran empresas multinacionales, llevaban muchos años trabajando y apostando por el control biológico en invernadero. Había aplicación comercial pero no a gran escala. Fue dar el salto. Ante la necesidad de dar una salida al sector se apostó fuerte en un momento en el que muchos protocolos ya estaban desarrollados y funcionaron».

Hay que añadir que la Junta de Andalucía dio muchas facilidades al agricultor para la adquisición de insectos auxiliares enemigos naturales y colaboró activamente en numerosos programas de formación de técnicos y agricultores.

Modesto del Pino ha participado en la primera jornada sobre lucha biológica, organizada en la Diputación de Lleida por la Agrupación de Defensa Vegetal de Catalunya y la Asociación de Técnicos de ADV de Lleida, para trasladar al sector frutícola algunas experiencias de empresas de horticultura almerienses reproductoras de enemigos naturales para luchar contra enfermedades y plagas y que en opinión del portavoz de la ADV Selmar del Maresme, Jordi Ariño, empieza a interesar a los horticultores catalanes. Su asociación, que dispone del único criadero de Catalunya y está especializado en cultivos hortícolas, ha pasado de 85 socios hace dos años a los 135 actuales, y ha explicado que los agricultores interesados tienen que asociarse a la entidad. Participaron también en la jornada José Manuel Goña, director técnico de Saniveg; María Ibáñez, del departamento de I+D de Biomip, y Darío Camí de Agrobío.

Para Del Pino, el ponente que apuntó en la jornada las posibilidades que abre BIOCOMES, lo que necesita el potente sector frutícola catalán es plantear la lucha biológica como una alternativa fiable para no sólo fijarse en Almería como ejemplo de “Revolución Verde” sino empezar a caminar con el liderazgo de organismos públicos y empresas que apuesten por este modelo de producción y no depender de las investigaciones y avances realizados en otros lugares.

En su opinión, el problema radica en que la mayoría de los enemigos naturales y protocolos de manejo que actualmente comercializan las empresas productoras están desarrollados o enfocados para su uso en cultivos hortícolas en invernadero, por lo que no se adaptan bien a los cultivos frutales al aire libre. «Muchos parasitoides o depredadores de algunos catálogos de empresas si los soltamos en frutales no van a servir y el manejo también es diferente», señala. Con este argumento insiste en que es necesaria una fase de investigación básica para ver qué enemigos naturales de las plagas hay en los frutales y seleccionar los que se pueden reproducir de una forma rentable.

Matiza también que a diferencia de lo que ocurre en las sueltas comerciales en un invernadero, en las que los insectos quedan dentro confinados, en frutales al aire libre es más difícil que los insectos se instalen debido a inconvenientes añadidos como las inclemencias del tiempo, los cambios de temperatura entre el día y la noche o la depredación natural.

«En frutales, en lugar de optar por un control biológico por aumento hay que plantear estrategias de conservación donde respetemos la fauna auxiliar presente en nuestros cultivos, apoyando su acción en determinados momentos con la introducción de insectos producidos en biofábricas. Ello no sólo conlleva la liberación de auxiliares, también debemos reducir al máximo el empleo de fitosanitarios y utilizar la vegetación asociada al cultivo como reservorio de auxiliares para cuando lleguen plagas al cultivo», asegura Del Pino.

«El sector frutícola quiere una respuesta inmediata que sí da el control químico y que el control biológico no puede dar en estos momentos», asegura el investigador de OpenNatur.

En este sentido insiste en que para que prospere el control biológico es necesaria una mayor cualificación técnica, una mayor formación del agricultor y alguien que lidere el cambio. «Lo puede liderar las ADVs, asociaciones de productores, el IRTA, la Conselleria de Agricultura… En Almería lo lideró en su momento la Junta de Andalucía en colaboración con empresas del sector. Yo creo que en Lleida hace falta eso, un programa integral de la administración pública para potenciar el control biológico», señala.

Del Pino conoce el salto en la lucha biológica en el cultivo del plátano de Canarias, lugar donde realizó su tesis doctoral y puso a punto el uso comercial de la avispa parásita Trichogramma achaeae como agente de control biológico de la lagarta de la platanera (Chrysodeixis chalcites) y de la polilla del tomate (Tuta absoluta).

Abejorros

Para defender la lucha biológica, una alternativa en la producción integrada, Del Pino suele poner el ejemplo del cultivo del tomate. Cuenta que hace unos 20 años en Almería el cuajado del tomate se hacía con el uso de fitohormonas hasta que comenzaron a utilizarse abejorros en la polinización. «El agricultor empezó a tener conciencia de que tenía que respetar un insecto que le estaba ayudando en el cultivo, aprendió a manejar los fitosanitarios de una forma respetuosa, a cerrar la colmena cuando era necesario y hoy en día el productor no sabe cultivar tomate sin abejorros. Eso fue la antesala del control biológico. Como estaba acostumbrado al abejorro recibió con agrado el uso de otros insectos beneficiosos».

Modesto del Pino considera que ese paso puede darse en los frutales. «Ya se están utilizando abejas y abejorros para la polinización del peral, manzano y otros cultivos como el almendro. Eso puede ayudar a que el agricultor tome conciencia», concluye.

 Rosa Matas. Lleida.

 

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