El pistacho consolida su crecimiento

Un cultivo en el que la demanda sigue superando a la oferta. Una producción de futuro que está cambiando el paisaje de algunas áreas, como La Mancha, y un revulsivo para las zonas que forman parte de la España vacía. Esta es la consideración que está adquiriendo el pistachero, una plantación de moda, que en los últimos años ha consolidado su crecimiento. Las cifras al alza de superficie cultivada de almendros y pistacheros, especialmente en algunos lugares de Castilla La Mancha, constatan el interés por este ámbito. Mejorar la productividad, controlar la presencia de las plagas y la diferenciación a través de la producción ecológica son algunos de los retos pendientes de los agricultores.

En los últimos cinco años, la superficie de pistacho en Castilla La Mancha se ha quintuplicado. A pesar del éxito del cultivo, los productores reconocen que para llegar a los niveles de rendimiento de otros países es necesario cubrir las necesidades nutricionales. En el caso del pistacho, los nutrientes se deben aportar en primavera o en verano, ya que el resto del tiempo, el árbol se encuentra en un proceso vegetativo.

Desde el Departamento de Investigación de Cultivos Leñosos del Centro de Investigación Agroambiental del Chaparrillo, ubicado en Ciudad Real, uno de los técnicos especialistas en el pistachero, José Francisco Couceiro, asegura que «la buena cosecha en California volverá a disparar la producción mundial, aunque en España caerá ligeramente». En una década, el Estado español se ha posicionado como el quinto productor mundial, por detrás de Irán, EE. UU., Turquía y Siria. La pregunta que ahora se plantean desde el sector es si nos encontramos ante un boom del pistacho.

Un cultivo de futuro

Ante este interrogante, el presidente de la Asociación para la Promoción del Pistacho de Castilla–La Mancha, Miguel Ángel Zamorano, recuerda que el cultivo «tiene un crecimiento exponencial» y ocupa 22.000 hectáreas, de las que 4.000 se encuentran en regadío. «La gente cree en el pistacho», proclama para defender y reivindicar la importancia de encontrar un producto alternativo al cereal, tradicional en los campos de La Mancha y que arrastra una falta de rentabilidad. Zamorano cree que este sustituto es el pistacho y que gracias a la calidad «vamos a triunfar y si sabemos hacer las cosas bien no creo que el boom acabe en nada, sino que formará parte de nuestro futuro».

La potencia de la región en el cultivo del pistacho, acumulando 22.000 hectáreas de las 30.000 hectáreas que se contabilizan a nivel estatal, ha provocado que los productores y la Administración trabajen en la creación de un sello de calidad para comercializar el producto. El consejero de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo de Castilla La Mancha, Francisco Martínez Arroyo, revela que «al constatar que se trata de un cultivo que ha multiplicado por cinco la producción en solo una década, estamos avanzando en la constitución de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Pistacho de la Mancha», una marca de la que forman parte los cinco principales grupos empresariales y el Centro Investigación Agroambiental del Chaparrillo, perteneciente al gobierno autonómico.

Martínez aboga por situar al pistacho «en el lugar que les corresponde en el mundo». Ahora, según comenta, lo es en el ámbito de la producción, pero el objetivo es que se consolide la comercialización, el procesado y la transformación. «De esta forma, el valor añadido que genera lo mantendremos en la región». El consejero añade que las potencialidades que acumulan en Castilla La Mancha, especialmente con el factor climático, permite que el cultivo se extienda por toda la comunidad, posicionándose frente a los gigantes del sector como Irán o la zona de California. Los pasos de la Administración y los productores con la constitución de la IGP Pistacho de la Mancha implican ganar mercado y acercarse a los consumidores a través de la calidad.

¿El boom del pistacho?

Olvidarse de los monocultivos extensivos, como la viña o el cereal, para plantar un árbol que tardará cinco o seis años en dar sus frutos. Este es el cambio de mentalidad más complicado que aún no detecta José Francisco Couceiro, investigador del Centro de Investigación Agroambiental El Chaparrillo y uno de los mayores expertos a nivel estatal del producto. «España es de los pocos países del mundo con capacidad de producirlo y cada vez hay más demanda», señala. Además, resalta que sus usos alimentarios son iguales o superiores a los de la almendra.

Más allá de la rentabilidad futura, el pistacho se vende en origen a unos seis euros aproximadamente por kilo. De esta forma, teniendo en cuenta que una hectárea produce unos 1.000 kilos, los ingresos se sitúan cerca de los 6.000 euros. Asimismo, Couceiro recuerda que, tras superar la fase inicial, los costes de producción se encuentran entre los 500 y 600 euros por hectárea. Estas ventajas han generado una auténtica fiebre por el pistacho, a la que se han apuntado grupos de inversión que buscan sitios para plantar. De momento, Couceiro descarta que, igual que sucede con otros cultivos, como la fruta o el olivar, la sobreproducción colapse la demanda.

Pero no solo en Castilla La Mancha vive el pistacho. En Andalucía, tierra de olivos y frutales, un nuevo árbol se ha instalado en el paisaje, sobre todo en la provincia de Jaén: el pistachero. Allí, en la localidad de Peal de Becerro se encuentra la explotación más antigua de España. Tiene 30 años y una superficie de 63 hectáreas. «Disponemos de unas condiciones climáticas aptas con temperaturas templadas y frío en invierno y calor en verano». Así lo asegura María Ballesteros, técnica y asesora de producción de Appistaco, la asociación que agrupa a 300 productores de pistacho.

Construir una planta de procesado

Ballesteros precisa que en Jaén existen 500 hectáreas de pistacheros y que «en Appistaco estamos trabajando para construir una planta de procesado y envasado para que nuestros socios puedan realizar la transformación después de la recolección». De momento, señala, los socios solo pueden vender su producto a los intermediarios, lo que dificulta obtener una buena rentabilidad. En este sentido, considera que cuando las nuevas instalaciones estén en marcha, mejorarán sus márgenes gracias a la comercialización de la marca Appistaco.

Para Appistaco, el pistacho se está convirtiendo en un complemento del aceite. Ballesteros indica que «no se solapan, ya que en invierno el pistacho entra en un periodo de parada vegetativa y no requiere tratamientos ni mucha mano de obra».

Andalucía cuenta con casi 2.500 hectáreas dedicadas al cultivo de pistacho. Granada y Jaén copan el 57% de la superficie y de la cosecha. El mayor cultivo de la comunidad está en Málaga y pertenece a la empresa Pistachos Nazaríes. Uno de sus propietarios, José Aguilar, apunta que «la escasez de oferta hace que todas las campañas agotemos las ventas». Incluso alerta de que existe una lista de espera para comprar los plantones.

En un contexto de crecimiento generalizado del cultivo del pistacho, algunos factores como un manejo adecuado, los sistemas eficientes de riego y recursos y un asesoramiento técnico adecuado favorecen la mejora de la rentabilidad de las explotaciones. En el capítulo de la comercialización, la concentración de la oferta permitiría la venta del producto con un mayor valor añadido.

El ‘proyecto Pistacho’ de Borges

Una de las empresas pioneras en cultivar el pistachero es Borges. La compañía catalana, especializada en el aceite de oliva y los frutos secos, inició un proyecto de plantación en la finca El Carquí de Guadix (Granada), que ahora ha extendido a Tàrrega (Lleida), donde quiere aprovechar los recursos del riego que aporta el canal Segarra–Garrigues. Borges ha asesorado a los productores para que planten 150 hectáreas de pistacheros en la finca Mas de Colom.

El responsable del proyecto Pistacho, Antoni Pujol, elogia la colaboración mutua entre la firma y los agricultores, ya que «a nosotros nos mejora el abastecimiento y los payeses cultivan una especie que les genera unos buenos precios en origen». Unos buenos rendimientos, precios elevados para los productores, una floración tardía, que evita el riesgo de heladas primaverales, y su componente saludable son algunas de sus ventajas.

Desde Borges indican que este tipo de iniciativas producen un efecto transformador que genera valor añadido en el territorio. A parte de incrementar la renta agraria de los productores, Pujol explica que «dinamizan la economía y crean sinergias en toda la cadena alimentaria». Para la firma, supone un proyecto cooperativo para investigar, asesorar y transferir el conocimiento en colaboración con el Departamento de Agricultura de la Generalitat de Catalunya.

El pistacho, igual que el resto de los frutos secos, se incluye dentro de la Dieta Mediterránea, catalogada como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco. Una vez consolidado su crecimiento, su expansión pasa por intensificar la colaboración público–privada en la investigación y mejorar la comercialización a través de las marcas de calidad.

Desde el punto de vista social, el pistachero se ha convertido en una alternativa a la agricultura subvencionada por la Política Agraria Común (PAC) en las zonas rurales bautizadas como la España vaciada y despoblada. En áreas de Castilla La Mancha y Andalucía con pocos recursos económicos, cultivos como el pistachero se pueden erigir en elementos que fijen la población en el territorio y eviten la inmigración. Algunas voces predicen que el pistacho ha venido para quedarse y salvar determinadas poblaciones estancadas.

David Rodríguez, Barcelona.

Publicado en Revista de Fruticultura nº 69

 

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